🇫🇷"Macarrons"🇫🇷

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Isaza, Alejandro, & VanessaRelata Vanessa:

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Isaza, Alejandro, & Vanessa
Relata Vanessa:

Me desperté con el olor a gloria. Eran las diez de la mañana y la casa ya gritaba "sábado de quincena". Mi mamá, estaba en su salsa preparando los macarrons, ese manjar de almendras que se le deshace a uno en la boca. A ella le tocaba irse a los barrios más pinchados de Bogotá a entregar pedidos, y a mí me tocaba la labor de "relaciones públicas" con los vecinos.

 es un tipo de galleta tradicional de la Gastronomía de Francia e Italia hecha de clara de huevo, almendra molida, azúcar glas y azúcar, era sublimemente la sensación más satisfactoria para las papilas gustativas de cualquier humano

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es un tipo de galleta tradicional de la Gastronomía de Francia e Italia hecha de clara de huevo, almendra molida, azúcar glas y azúcar, era sublimemente la sensación más satisfactoria para las papilas gustativas de cualquier humano.

La primera parada fue donde los Vargas. La señora Vargas me recibió con la calidez de siempre, comprando sus dos cajas fijas para "sus niños". Pero la verdadera prueba de fuego era la casa de los Isaza.
Caminé los pocos pasos que separan nuestras puertas y toqué suavemente la malla. De inmediato, los ladridos de Malta me anunciaron que la paz se había terminado. Esa perra es un amor, pero es un terremoto de cuatro patas. Saltó sobre la malla y empezó a brincar encima mío como si no me hubiera visto en una década.
—¡No, Malta! ¡Quieta, que me tumba los macarrons! —le gritaba yo, tratando de hacer equilibrio.
—¡Malta, venga para acá, cochina! —gritó Elena, la mamá de Isaza, regañándola. La perra bajó las orejas y se fue toda apenada. Elena me miró con angustia—. ¡Ay, mi vida! Mire nada más, ya le ensució el pantalón con esas patas llenas de barro.
—No pasa nada, doña Elena, solo es una mancha —mentí, sintiendo que los mil demonios de mi perfeccionismo me daban patadas por dentro. Yo, que siempre ando impecable, ahora parecía que venía de una expedición por el Bronx.
—¡Qué va! Venga, siga, tome asiento y le traigo un trapo húmedo —insistió ella, obligándome a entrar.
Dejé las cajas en la mesa y, mientras Elena iba a la cocina, me acerqué al estante de las fotos. Mis ojos se fueron directos a esa imagen que siempre me ha movido el piso: el señor Fernando con su guitarra e Isaza, de unos dos añitos, mirándolo con una devoción que se le salía por los poros. Era imposible no sentir ternura; esos ojitos brillantes no tenían rastro de la soberbia que Juan Pablo se manda ahora.

"𝑷𝒐𝒓𝒇𝒂 𝒏𝒐 𝒕𝒆 𝒗𝒂𝒚𝒂𝒔" Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora