Esta es una chica que es fan de la literatura, naturaleza, y de el agua natural, suele cuidar mucho su peso, le encanta el ejercicio y es muy pesimista.
Ella estudia la universidad, es la tercera mejor de su clase, a su derecha vive Simón su vecino...
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"Vanessa" Relata Vanessa
— ¡Jóvenes, jóvenes! No olviden que es importante no faltar mañana. Muchos no toman en cuenta el último día de curso, pero es fundamental. Además, el decano recordó la importancia de vestir de manera apropiada: nada de venir como callejeras —expuso la profesora barriéndonos con la mirada—. Nada de tenis, gorras o cosas informales. Y ya sé que a los hombres de esta generación les dio por dejarse pelos en la cara; espero que piensen en afeitarse. Tienen menos de 26 años, ¡es más, ni 23 tienen! Recuerden su última noche como algo bonito, limpio y como una lección de vida. Escuchamos sonar la campanilla. Sentí un escalofrío: sería la última vez en nuestras vidas que ese sonido marcaría nuestro horario.
— ¡No puedo creer que por fin acabemos la universidad, tía, es que es muy fuerte! —me decía Aitana mientras guardaba sus cosas.
— Lo sé, aún recuerdo cuando llegamos —le dije, invadida por la nostalgia.
— Ya te digo. Estabas muy flaca cuando llegaste, Vanessa. No digo que ahora estés gorda, pero...
— Sí, Aitana, no diga más, ya entendí —le contesté riendo. Tomé mis cosas rápido. Estaba nerviosa porque mi papá había prometido venir a la graduación, pero tras confirmar hace una semana, no había vuelto a saber de él. Estaba en el limbo, igual que con Isaza.
— Oye, Vanessa, ¿puedes venir un momento? —me pidió Tini, haciéndome una seña. — ¿Qué pasa? —pregunté curiosa.
— ¿Tenés algo que hacer hoy? Mirá, necesito un consejo urgentemente y, para serte honesta, me parecés la persona indicada para dármelo. Me intrigó tanto que acepté. Tini se deshizo de Aitana con una excusa rápida y me llevó a su auto. El trayecto fue un silencio sepulcral que me ponía los pelos de punta. ¿A dónde me llevaba? ¿Qué era tan grave? Se estacionó frente a su casa
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y subimos directo a su habitación, un santuario lleno de fotos de ella con Sebastián Yatra y sus discos de oro.
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— Sentate. ¿Querés algo de beber? —preguntó. Negué. La vi empinarse una botella de tequila y lanzarse a la cama con un suspiro pesado.
— ¿Te encuentras bien? —pregunté al verla tan desmejorada.
— ¿Te parece que lo estoy? —me miró con una tristeza profunda—. Me pasa todo, Vanessa. Se levantó y miró por el ventanal.
— ¿En qué te puedo ayudar? Dime.
— Nadie puede hacer nada por mí, soy una basura —resopló, limpiándose las lágrimas con el brazo.
— ¡Dime qué tienes! —le pedí, acercándome.
— ¿Sabés por qué elegí contártelo a vos? Porque sé que, muy en el fondo, todavía me aborrecés —soltó, y me quedé muda—. Nunca te agradé, y mientras todos me ven como lo más fabuloso del universo, vos me ves como la basura que soy. Me sentí morir. Muchas veces quise verla así, vulnerable y desdichada, pero ahora que la tenía enfrente, no lo disfrutaba nada. — No digas eso...
— No, Vanessa, no te estoy cuestionando por ser la única persona que vio lo que soy en verdad. Me vas a odiar en cuanto te diga esto... tengo un amorío con tu amigo Villamil. Me quedé serena. Ella me miró confundida.
— ¿No te espantás?
— Oh, perdón... qué mal —contesté de forma torpe. Ella arqueó una ceja.
— Bueno, creo que no fue sorpresa para vos. —Suspiró—. Vanessa, cuando tuve aquel accidente en química, ¿te acordás? Pues Villamil se ofreció a ayudarme. Yo sabía lo guapo que era... y él siempre me escuchaba. Era un caballero. En cambio, Sebastián nunca tenía tiempo para mí, solo para sus fans. Me sentía rechazada por el hombre que amaba, y un día me olvidé de todo y caí rendida ante los besos de Juan Pablo Villamil. Sentía que me quedaba sin saliva. Tini hablaba con una pasión dolorosa.
— Pensé que podía ser un error, un desahogo, pero lo deseaba cada noche. Muchas veces intenté terminar esta locura, pero sus besos me enredaban más. Me partía el corazón verlo sufrir cuando yo estaba de la mano con Sebastián. Dios sabe cuánto amor le tengo a Villamil, porque lo que siento por él va más allá de muchas cosas. Sonreí internamente por la valentía de Villa, hasta que ella soltó el golpe final.
— Hace unas semanas me dijo que quería darlo todo por mí, gritarle al mundo que me ama... y me di cuenta de que realmente no puedo. Vanessa, no puedo dejar a Sebastián. No me veo en ninguna vida sin él.
— Pero... ¿y qué hay de Villa? —pregunté impactada. — Voy a terminar con él —dijo tensando la mandíbula.
— No, usted no le puede hacer eso a Villa. Él no se lo merece —le contesté, sintiendo que la rabia me subía por la garganta.
— ¡Ya lo sé! ¿Creés que no lo sé? Es el hombre más bueno que conocí, pero no pensé que esto se me fuera a salir de las manos.
— ¿Y lo va a cortar justo en el baile de graduación? —pregunté furiosa. Ella asintió llorando.
— Perdón... —se puso de rodillas, bañada en lágrimas.
— ¡A mí no me pida perdón! Mira, Stossel, no sé quién te creas, pero esto que estás haciendo de verdad no tiene perdón de Dios —le dije tomando mi maleta. Salí de esa casa hecha una furia. Me dolía el alma por Villa; romperle el corazón así era una condena. Estaba angustiada por mi amigo, decepcionada de Tini y, para completar el cuadro, Isaza seguía sin dar señales de vida. Me sentía sola en medio de una tormenta que estaba a punto de estallar en la noche de la graduación.