Esta es una chica que es fan de la literatura, naturaleza, y de el agua natural, suele cuidar mucho su peso, le encanta el ejercicio y es muy pesimista.
Ella estudia la universidad, es la tercera mejor de su clase, a su derecha vive Simón su vecino...
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"Noelia, Celeste, & Vanessa" Relata Vanessa
— ¿Quieres que pasemos por las cosas para la fiesta de Cel de una vez? —me preguntó Nath cuando íbamos saliendo de la oficina. Estaba cargada de trabajo que se me había acumulado cuando Cel estuvo enferma, así que últimamente me había tocado quedarme a hacer tiempo extra. Sentía que mis neuronas morían poco a poco, ¡qué jartera!.
— Yo creo que sí. Mi mamá me escribió esta mañana y me dijo que mañana por la mañana llegan, así que sí necesito comprar todo hoy mismo —le dije nerviosa. En ese momento, escuchamos la puerta de la oficina. Se abrió dejando ver a Simón con su cara de engreído. Estaba muy orgulloso por su ascenso y solía bromear con nosotras dándonos órdenes, el muy marica.
— ¿Se van? ¿Alguien quiere que las lleve en mi auto? —exclamó mostrándonos las llaves de su Nissan mientras se mordía los labios con picardía.
— Con que nos lleve por la decoración para la fiesta de Cel le agradecería mucho —le dije tomando mis cosas. Nath se encogió de hombros bufando. No era que despreciara el aventón, pero es que el auto de Simón era como estar sobre una nube. Como dije, mi hija Cel iba a cumplir mañana tres años y mi mamá se la había llevado a Bogotá toda una semana; ella en verdad amaba a su nieta. Aún recuerdo cuando le conté a mi madre que estaba embarazada. Las rodillas me temblaban y me sudaban las manos, y cuando se lo solté, exploté en llanto total. Ella se veía asustada; yo sabía que la había decepcionado, aunque ella me jurara que no. Aun así, me abrazó con fuerza y me dijo que me apoyaría en todo momento. La verdad, había cumplido su promesa al pie de la letra; era una mujer encantadora enamorada de su nieta.
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— ¿Oye, qué tal esto? —me mostró Simón una bolsa con serpentinas de colores mientras mirábamos los anaqueles.
— ¡Como así, Simón! ¿Acaso quiere que a mi madre le dé un infarto? Por amor de Dios, a ella le aterra que Cel se meta cualquier vaina en la boca —le recordé. Él bufó devolviendo el paquete a su lugar.
— ¡Oye, mira, globos rositas! Están hermosos, ¡llévalos! Anda, anda —brincaba Nath emocionada.
— Nath, recuerde que a Cel no le gusta el color rosa. Ya sabe cómo es, dice que es feo —le dije. Ella reviró los ojos frustrada.