"Cambio de planes"🚖

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Aitana, VanessaRelata Vanessa:

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Aitana, Vanessa
Relata Vanessa:

¡Soy tan débil! Me lo repetía una y otra vez mientras sentía que el corazón me hacía rebotar contra las costillas. No debí dejar que Isaza me volviera a besar. Se suponía que lo del club era una "ayuda", una lección... pero ¿y ahora? ¿Cuál era su pretexto esta vez? No había ninguna razón lógica, y lo peor es que, por mucho que yo lo deseara, mi mente juraba que no se repetiría.
Salí de la casa despidiéndome de mi madre y justo en ese momento el taxi se estacionó.

Salí de la casa despidiéndome de mi madre y justo en ese momento el taxi se estacionó

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Iba a abrir la puerta cuando sentí unas manos grandes y cálidas sobre mis hombros. Era él.

—¿Me puedo ir con usted? —me preguntó Isaza, manteniendo una mano ahí, quemándome a través de la ropa.

—¿Qué? ¿No vienen por usted? —le solté en plan de burla, aunque por dentro estaba brincando de la dicha.

—No —dijo él, con un semblante más serio de lo normal.
Asentí y él, con una caballerosidad que me descolocaba, me abrió la puerta de atrás. Yo iba para el asiento del copiloto, pero él me jaló suavemente del abrigo, casi en un susurro.

—Vente acá conmigo... —me pidió.
Miré hacia mi casa aterrada de que mi mamá nos viera, pero me deslicé al asiento trasero. Él entró después, quedando todo apretado porque su cabeza casi pegaba en el techo con esa gorra que parece que tuviera pegada al cráneo.

—¡Mire, Simón va saliendo! —dije cuando el taxi arrancó.

—No creo que ese man quiera venir aquí —rio Isaza, pasando su brazo por detrás de mi asiento, acortando la distancia entre los dos. Me reí, porque era verdad, Simón en ese espacio tan pequeño con nosotros hubiera sido un poema.

—¿Puedo? —me preguntó inclinándose, con los ojos puestos en mi boca.
Con una risa nerviosa, asentí.
Y entonces pasó. No fue como el beso del pasillo, cargado de rabia y desespero. Este fue... dulce. Fue lo más íntimo que me había pasado en la vida. Isaza juntaba sus labios con los míos con una delicadeza que me hacía derretir; eran besos pequeños, suaves, casi como si estuviera probando un dulce caro que no quiere que se acabe. Yo sentía que flotaba, aunque de reojo miraba al taxista, muerta de la vergüenza. Ese señor nos lleva a mi mamá y a mí a todo lado, ¡qué boleta!

"𝑷𝒐𝒓𝒇𝒂 𝒏𝒐 𝒕𝒆 𝒗𝒂𝒚𝒂𝒔" Donde viven las historias. Descúbrelo ahora