"Amor de madre"

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"Noelia, & Vanessa"Relata Vanessa

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"Noelia, & Vanessa"
Relata Vanessa

Este último mes y medio no había sido nada fácil. Estábamos a muy poco de terminar mayo y las cosas parecían tomar rumbos muy extraños. Me sentía súper incómoda con Simón; una parte de mí sentía compasión por él, pero la otra estaba berraca porque todavía me debía una disculpa por haberme robado ese beso en abril. Luego, las amenazas de la loca de Camila, mi mamá viendo las fotos del hotel con Isaza... y para rematar, el banco nos iba a transferir a Cali.
Eso implicaba mudarme. Hablar con mi mamá fue un calvario; se puso mal, empezó a llorar y a decir que mi partida era como perder a otro hijo. ¡Imagínese! Yo no la estaba abandonando, pero ella no lo entendía.

— ¡Hey! ¿Ya has pensado lo de mudarnos a Cali? —me preguntaba Nath en voz baja en la oficina, mirándome por una rendija entre las computadoras—. He estado viendo algunos departamentos sencillos allá y encerré en un círculo los que más nos convendrían, neta están súper padres.

— Aún no le puedo asegurar nada, Nath. Necesito volver a hablar con mi madre —le expuse, soltando un suspiro de agotamiento.

— ¿Tu madre? Vanessa, no manches, no eres una niña, eres una mujer, ya tienes veintidós años —señaló ella intentando abrirme los ojos, pero es que ella no entiende cómo es la vuelta aquí.

— No es tan fácil, Nath. Sus papás le dan más libertad porque usted se la pasó en Londres, pero mi caso es diferente. Mis hermanos se abrieron de la casa desde peladitos y nunca volvieron. Mi papá trabaja afuera y solo sabemos que está vivo por el cheque que llega cada mes. Nathalia, si yo me voy de esta casa, le cavo la tumba en vida a mi mamá —le dije poniéndome las manos sobre la cara. Me sentía entre la espada y la pared.
Nath se ofreció a llevarme a casa y nos quedamos un rato en su auto conversando.

— Mira, no pienses que no me pongo en tus zapatos —me dijo poniendo su mano sobre la mía—. Sé que nuestra situación no es la misma, pero debes hacer entender a tu mamá que no puede tenerte atada de pies y manos. No estás siendo una mala hija, de verdad.

En eso, vimos un taxi estacionarse frente a la casa de los Vargas. Era Simón llegando de la oficina.

— Oye, ese se parece mucho a Simón —exclamó Nath estirando el cuello como una garza para enfocar la vista. Yo me eché a reír.

— No se parece, Nath. Es Simón —le afirmé. Ella se quedó boquiabierta.

— ¡Wey, no manches! ¿Vive al lado de tu casa? — Sí, es mi vecino desde que somos unos chiquitines.
— ¿Desde niños? O sea, ¿cómo? ¿Se conocen de toda la vida? —preguntó con los ojos brillándole de pura curiosidad.

— Sí, ¡uy, si yo le contara! —exclamé divertida y ella me apretó la mano.

— ¡Cuéntame, cuéntame ya!

"𝑷𝒐𝒓𝒇𝒂 𝒏𝒐 𝒕𝒆 𝒗𝒂𝒚𝒂𝒔" Donde viven las historias. Descúbrelo ahora