Esta es una chica que es fan de la literatura, naturaleza, y de el agua natural, suele cuidar mucho su peso, le encanta el ejercicio y es muy pesimista.
Ella estudia la universidad, es la tercera mejor de su clase, a su derecha vive Simón su vecino...
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"Tini, & Vanessa"
Relata Vanessa
Intentaba mantener la calma, respirar profundo y convencerme de que el mundo no se detenía porque un celular no vibrara. Pero era casi imposible. Intentar no pensar en dónde estaba, si el clima en Ciudad de México lo estaba tratando bien o si, por un milagro del destino, yo cruzaba por su mente aunque fuera un segundo, se volvía una tarea titánica con Aitana y Tini a mi lado, disparando preguntas como si fueran ráfagas de ametralladora.
— ¡Es que, de verdad, nunca me lo imaginé! —admitió Tini, deteniéndose en mitad del pasillo del centro comercial, aún impactada por la escena del aeropuerto—. Mira que, sin ánimo de ofender, Cueller, pero antes como que no le agradabas mucho que digamos. Eran como el perro y el gato, che. Reviré los ojos riendo, aunque por dentro sentía una punzada de nostalgia. Era verdad, nuestro lenguaje siempre fue el de la guerra, pero ahora entendía que ese odio no era más que una máscara para no admitir lo que nos quemaba por dentro.
— ¿Oye, pero no es que Isaza tenía algo con la Camila esa? —recordó Aitana con su acento madrileño bien marcado. Sentí que el estómago se me anudaba de solo escuchar el nombre de esa mujer. El fantasma de Camila siempre estaba ahí, acechando, recordándome que yo no era la única que había estado cerca de él.
— ¡No! —exclamó Tini de inmediato, haciendo un gesto de negación con la mano—. La verdad es que a Isa ya no se le veía el mismo entusiasmo por Cami, y de eso hace más de un año. Ella ya se daba cuenta de que la cosa estaba fría, además, ellos nunca fueron nada formal, ¿viste? —concluyó Tini, asintiendo para reafirmar su punto.
— ¿Y sabes por qué dejó de fijarse en ella? —le pregunté. No pude evitarlo, la curiosidad me ganaba el pulso. Quería saber si hubo un momento exacto, un día, una mirada... si tal vez yo había tenido algo que ver.
— Mira, Cueller, no es por ser mala onda ni contestarte mal, pero la verdad es que Isa es un tipo súper reservado —confesó ella con sinceridad—. Aunque éramos íntimos amigos, hay muchas cosas de las que me terminaba enterando por terceros y no por él directamente. El pibe se guarda todo. Asentí en silencio. Eso era una verdad absoluta. Isaza jamás me habría confesado lo de Melissa si sus propios ojos no lo hubieran traicionado. Tenía esa costumbre de ser el alma de la fiesta, el más alocado, pero al mismo tiempo de levantar muros infranqueables alrededor de su vida privada.
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Seguimos caminando. Tini y Aitana se detenían en cada aparador, analizando telas, cortes y colores. Yo las seguía como un autómata, pero mis manos no podían dejar de buscar el celular en el bolsillo. Lo sacaba, miraba la pantalla negra y lo guardaba. Ni una notificación. Ya llevaba dos semanas sin conectarse y, honestamente, eso me estaba matando. La preocupación me generaba un ruido constante en la cabeza.
— ¿Estás nerviosa, tía? —me preguntó Aitana sorprendiéndome por la espalda. Di un salto del susto, casi soltando el teléfono.
— Ah, no, no... todo bien —mentí con rapidez, guardando el aparato como si ocultara un crimen. — ¿Aún no te llama? —preguntó Tini. Su voz bajó de tono, cargada de una empatía que me desarmó. Con un suspiro angustiado, negué con la cabeza.
— Tranquila, ya te llamará —me dijo, poniéndome una mano en el hombro. Noté que su intención era genuina, quería darme un poco de paz en medio de mi tormento.
— Tini, ¿te puedo pedir un favor? —le pregunté con un hilo de voz, sintiéndome pequeña bajo las luces brillantes del centro comercial. Ella asintió, atenta—. Podrías ser discreta con esto de Isaza. Mira, yo sé que quizás no me entiendas, pero él y yo no somos nada todavía, y ni siquiera sé si lo seremos. Solo te pido que, por favor, no le digas a nadie. Mucho menos a Camila... no quiero problemas con esa mujer, no tengo fuerzas para eso.
Tini me miró con una seriedad que rara vez le veía. — Te doy mi palabra, Cueller. Además, soy mucho más amiga de Isa que de Camila, te juro por lo que quieras que de mi boca no va a salir nada. Me regaló una sonrisa amplia y volvió con Aitana a ver un perchero lleno de vestidos largos. La observé mientras se alejaba y me quedé pensando: ¿En qué momento Martina Stoessel se había convertido en mi confidente? No recordaba el instante exacto en que las barreras se cayeron, pero me había hecho un juramento de amistad que valoraba más de lo que podía expresar. Hice un esfuerzo consciente por dejar de obsesionarme con el celular. Me obligué a mirar los vestidos. Las chicas escogieron unos modelos hermosos, llenos de brillo y vida, muy acordes a sus personalidades.
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Yo, tras mucho dudar, decidí por uno oscuro y discreto. No era porque estuviera de luto, ni mucho menos; simplemente sentía que ese vestido reflejaba cómo me sentía por dentro: sobria, expectante, guardando un secreto. Me parecía el más elegante y el que mejor me sentaba para cerrar esta etapa. Faltaba tan poco para la graduación... estaba a un abrir y cerrar de ojos. Muy pronto dejaría atrás los pasillos de la universidad, los exámenes compartidos y las tardes de estudio para convertirme en una profesional. Era el sueño que había perseguido por años, la meta que me desveló tantas noches. Y ahora que estaba a punto de llegar, sentía que lo único que me faltaba para que el cuadro fuera perfecto era una señal de vida del hombre que se había llevado mi corazón a otro país.