🎸"Una casi cita"🍷

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RELATA VANESSA:

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RELATA VANESSA:

Ya ha pasado un mes desde que Villamil llegó a la facultad y, para serles franca, hemos hecho un "match" increíble. Es un hombre sumamente divertido. Siempre me habla de fútbol —creo que es hincha de un equipo local, no sé si de Santa Fe o de Millonarios, la verdad no distingo— y aunque yo no entiendo absolutamente nada de fueras de lugar o tácticas, disfruto horrores escuchándolo hablar con tanta pasión.
Además, tiene una vena artística fascinante; le encanta la música y toca el banjo, un instrumento que me parece de lo más sofisticado. Siento que nuestra conexión ha crecido, así que decidí dar un paso adelante: lo invité a mi casa a ver películas. Muy dentro de mí, guardaba la ilusión de que, en la intimidad de mi sala, él terminara de enamorarse de mí.
Esta mañana, mientras caminábamos por los pasillos de la universidad, le envié mi ubicación para el encuentro de esta noche. De repente, él se detuvo en seco y señaló a Simón Vargas, que leía un libro denso sentado en un rincón.

—Oiga, Vanessa, ¿usted sabe por qué ese muchacho es tan callado? —me preguntó con genuina curiosidad.

—No tengo la menor idea, Villa —le respondí encogiéndome de hombros—. Es un tipo muy extraño, la verdad. Casi nunca interactúa con nadie.
Seguimos nuestro camino, pero la mención de Simón me dejó pensando en lo rara que es esa familia.
Ya en casa, mientras me arreglaba con total esmero, un ruido molesto proveniente del exterior me distrajo. Me asomé a la ventana y, para mi desgracia, la vista me ofreció una escena deplorable en la habitación de al lado, Juan Pablo Isaza estaba con una de esas tantas niñas que suele meter a su cuarto.

—¡Qué tipo tan corriente! —exclamé para mis adentros, sintiendo una rabia súbita que no supe explicar.
Cerré la ventana de un golpe seco, corrí las cortinas y subí el volumen de mi música para no escuchar absolutamente nada de lo que pasaba en la casa de los Isaza Piñeros. No iba a permitir que ese ordinario me arruinara la noche.
Me vestí de punta en blanco; quería verme impecable aunque estuviéramos en casa. Cuando por fin sonó el timbre, mi corazón dio un vuelco de emoción. Corrí a abrir, pero al verlo, no pude evitar una ligera punzada de decepción. Villa llevaba puesta una camiseta deportiva de poliéster, unos jeans cualquiera, su gorra habitual y, lo que es peor, unos tenis que se notaba que no habían visto agua y jabón en semanas.—¡Hola! Siga, por favor, Villamil —le dije, forzando mi mejor sonrisa para que no notara mi análisis crítico de su atuendo.
Él entró con paso tímido, mirando con asombro el orden casi clínico y la decoración elegante de mi casa. Se quedó ahí parado, como si tuviera miedo de romper algo, mientras yo lo observaba tratando de convencerme de que su sencillez era, de alguna forma, encantadora.
Justo cuando el silencio empezaba a ponerse incómodo, apareció mi madre, doña Noelia, con esa curiosidad que la caracteriza. Me lanzó una mirada de reproche, como diciendo: "¿No piensa presentarme a su invitado?". Sentí un calor súbito en las mejillas, pero mantuve la compostura.

"𝑷𝒐𝒓𝒇𝒂 𝒏𝒐 𝒕𝒆 𝒗𝒂𝒚𝒂𝒔" Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora