Esta es una chica que es fan de la literatura, naturaleza, y de el agua natural, suele cuidar mucho su peso, le encanta el ejercicio y es muy pesimista.
Ella estudia la universidad, es la tercera mejor de su clase, a su derecha vive Simón su vecino...
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✨Vanessa Cueller✨
A ver, organicemos esto desde el principio porque a mí las cosas a medias no me gustan. Mucho gusto, mi nombre es Vanessa Aurora Cuéllar Bonilla. Tengo veintiún años, estudio en la universidad y, la verdad sea dicha, soy una mujer sumamente dedicada. Sobre todo con la química; a mí me encanta meterle la ficha a lo que hago. También me gusta bailar, pero ojo, que yo tengo buen gusto: detesto el trap y el reguetón con toda mi alma. Prefiero mil veces algo más nuestro, música culta bogotana, o bueno, ya si estamos en ambiente, un buen vallenato, marica, de esos clásicos que sí tienen letra de verdad. Si algo me fascina en esta vida es que mi ropa huela impecable, a puro suavizante de telas de buena calidad, combinado con mi perfume, el Miss Dior. A mí me gusta verme bien, soy una mujer atractiva y lo sé perfectamente. Me arreglo las uñas, mantengo el cabello divino y me visto con mucha clase, sin necesidad de andar enseñando de más porque el pudor vale, ¿ustedes me entienden? Lo que yo no logro comprender es por qué los hombres me huyen. O sea, se me acercan, me pretenden, me echan los perros y luego, ¡pum!, se abren. Se alejan. Yo opino que es por mi mal genio, o de pronto es que hoy en día los tipos son unos llorones que no se soportan que una mujer sea dominante y tenga pantalones. Qué mamera con esa gente, de verdad. Actualmente vivo con mi mamá, Noelia. Mi papá se abrió hace años para los Estados Unidos; lo único bueno es que desde allá me paga los estudios puntualmente. También tengo dos medio hermanos mayores por parte de mamá, pero esos ya abrieron el parche hace rato, no viven en la casa y la verdad es que hace años no sé absolutamente nada de ellos. Tampoco es que me haga falta; hoy en día no tengo amigos, ni me afecta, ni me interesa tenerlos. La gente es muy falsa. Aunque les confieso que antes la cosa era distinta. De peladita, cuando estábamos culicagados, los vecinos nos juntábamos a jugar en la cuadra. Jugábamos ponchado, stop, golosa, escondite americano... pasábamos las tardes enteras en la calle. Éramos mis dos hermanos, los vecinos de al lado—los hermanos Vargas—, y los del otro lado, los Isaza. Pero bueno, de eso ya hace una eternidad y hoy en día no me hablo con ninguno. Nos volvimos completos desconocidos. Por ejemplo, Simón Vargas, el mayor después de mis hermanos, se volvió un tipo bien raro. Ya ni saluda, no habla con nadie; el man siempre anda como en su propio mundo, una jartera. Martín Vargas, que era el más pequeñito y fue muy cercano a mí, ahora se las da de galán; resultó ser un bandido de primera. Al igual que Juan Pablo Isaza. De solo acordarme de ese man se me revuelca el estómago. Es que con él me di mi primer beso como a los ocho o nueve años... ¡qué porquería, qué oso tan berraco! Hoy en día no nos podemos ver ni en pintura; para mí, ese tipo es lo peor de lo peor, el error más grande que he cometido en cuestiones de amistad. De verdad, si yo pudiera regresar el tiempo, lo haría solo para nunca haber conocido a ese huevón. Ahora se las da de músico y todos los miércoles y viernes se pone a tocar en su cochera con la bola de tontos de la universidad. Marica, no tocan nada, solo hacen ruido. Lo insoportable es que el tipo vive al lado y la ventana de mi habitación da exactamente frente a la de él. Ganas no me faltan de levantar una pared de ladrillos y tapar esa ventana para no tener que verle la jeta jamás. Con la hermana de él, Susi Isaza, me llevaba un poco, pero ella se mudó a Santa Marta cuando los papás se divorciaron, así que ni la frecuento. Pero la cruz que me toca cargar todos los días es otra. De lunes a viernes, cada bendita mañana cuando salgo a tomar el taxi para ir a la universidad, me tengo que topar de frente con Juan Pablo, Simón y Martín en la acera. Ahí parados, como unos idiotas, esperando a la boba de Tini. Es que me da una rabia verla; esa boba, que está forrada en billetes, pasa por ellos en su puto carro deportivo. Ella es la nueva mejor amiga de Juan Pablo desde la preparatoria. Yo estoy más que segura de que esos dos tienen algo más... algo que va más allá del asco, marica. Pero en fin... a la larga las vidas de esos tres me importan un comino.