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"Regina, Isaza, & Vanessa"Relata Vanessa

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"Regina, Isaza, & Vanessa"
Relata Vanessa

Me mordía las uñas de nervios por estar a su lado una vez más. Contaba los minutos y los segundos para que el avión aterrizara; solo pasaba por mi mente ver sus ojos, sentir sus manos y todo de él. Debo aceptar que me aterraba un poco estar entre sus pocos amigos del estudio; honestamente, no sabía lo que me esperaba, pero como me dijo Villa, debía relajarme. Pasé por mi equipaje y escuché sonar mi celular. Era él. No pude evitar que una sonrisa se escapara de muy dentro de mis emociones descontroladas.
Al llegar a la salida, el teléfono volvió a vibrar.

— ¿Aló? Sí, mi amor, ya salí de la aduana. Estoy acá por la puerta dos, donde están los taxis... ¡Ay, ya lo vi! —exclamé con el corazón a mil.
A lo lejos, vi esa silueta que reconocería en cualquier lugar del mundo. Isaza corrió hacia mí, soltando una maleta pequeña que traía, y nos fundimos en un abrazo que me dejó sin aliento.

— ¡Vane! ¡No sabe cuánta falta me hizo, galla! —me susurró al oído con esa voz ronca que me eriza la piel.

— Yo también lo extrañé, mi amor... no se imagina cuánto.
Me tomó de la cara y me plantó un beso de urgencia, de esos que saben a meses de espera y a un hambre que no se quita con nada.

— Venga, que le tengo que mostrar una cosita —dijo tomándome de la mano con una sonrisa de niño chiquito. Me llevó afuera y señaló un deportivo negro, brillante, bajito y agresivo—. ¿Qué tal el juguete nuevo, ah?

— ¡Wow! ¡Juan Pablo, está increíble! —lo felicité genuinamente emocionada. Sabía cuánto había querido comprarse un deportivo; desde la universidad alardeaba del día en que por fin tuviera uno, y ahora lo había cumplido.

 Sabía cuánto había querido comprarse un deportivo; desde la universidad alardeaba del día en que por fin tuviera uno, y ahora lo había cumplido

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Nos subimos al auto. El olor a cuero nuevo y motor potente inundaba todo. Yo sostenía aún en mi mano una bolsa de papel que contenía su regalo.

— ¿Y qué trae ahí, pues? —preguntó curioso mientras arrancaba y el motor rugía como una fiera.

— Su regalo de cumpleaños, guapo.
Él arqueó una ceja con una sonrisa picarona. — ¡Ojalá ese regalo sea algo que use esta noche, porque si no, qué desperdicio!

"𝑷𝒐𝒓𝒇𝒂 𝒏𝒐 𝒕𝒆 𝒗𝒂𝒚𝒂𝒔" Donde viven las historias. Descúbrelo ahora