Las pociones finalmente se acabaron dentro del maletín, debía ser la primera vez que aquello pasaba en mucho tiempo pero Elliot no estaba ahí para festejarlo: el demonio estaba sólo.
Habían pasado cerca de dos horas desde que el menor se fue a buscar el pan en el negocio de Ezra ¿Por qué se estaban tardando tanto en volver? Joel miró al cielo por un rato, calculando el pasar del tiempo. La maleta ahora estaba cerrada a su lado y todo lo que hacía era esperar.
Su paciencia llegó a su límite media hora después, cuando el menor seguía sin aparecer.
-¡Suficiente!- tomó las cosas y comenzó a caminar - Yo me largo a casa-
Estaba decidido a volver a la cabaña por su cuenta, sin importarle en lo más mínimo el imbécil de su amo... Aunque no dio más que veinte pasos antes de girar por completo su dirección, está vez siguiendo el rumbo que los dos humanos siguieron antes.
-Tsk... Pinche lazo de familiar- gruñó por lo bajo, justificándose a sí mismo por seguirlo.
Gracias al contrato que los unía, Bitru podía distinguir el aroma de Elliot con más facilidad que el de otros humanos. Le bastó caminar un par de minutos para encontrar ese rastro de aroma y no demoró en seguirlo por unas cuantas calles.
Mientras avanzaba, un par de hombres y mujeres le saludaban con cierta emoción, clientes que atendió más temprano, hablando sobre volver a verlo por ahí en los días siguientes. Ahora la cosa era que funcionaran las pociones que les había vendido o dudaba que le fueran a saludar tan amablemente otra vez.
El olor de su amo se intensificó unos minutos después y el demonio se detuvo frente a un local: era una casa pequeña, la ventana frontal era un poco más amplia que el resto, un delicioso aroma impregnaba el aire y un gran letrero sobre la puerta permitía saber que se encontraba ante una panadería.
-Obviamente es aquí-se dijo mientras avanzaba hacia la entrada y empujaba la puerta de madera, causando que unas campanitas tintinearan.
El sonido de las campanas fue inútil pues, contrario a lo que el mayor imaginaba, nadie fue a atenderlo. En su lugar, unas risas sonoras salían de una puerta tras el mostrador, únicamente cubierta con una cortina.
-¡Mirame ahora! Parezco un fantasma- la voz de su amo llegó a sus oídos con total claridad.
-Bueno, pero aún así luces muy simpático jajaja- la voz del panadero indicó que estaba con él.
Joel dió la vuelta al mostrador y apartó las cortinas para entrar. Ahí parecía ser la cocina donde se preparaban todos los panes del local. Nada más entrar, lo primero que vio fue a Elliot cubierto de una leve capa de harina, riéndose con ganas mientras el panadero hacía lo mismo. Estaban tan divertidos que ninguno de los dos notó su presencia en ese momento.
-Jaja espera, no te muevas, tienes algo ahí- Ezra miró al más joven y aproximó una mano a su rostro.
Cómo por arte de magia, la risa del brujo desapareció y en su lugar se quedó embelesado, observando como el contrario se aproximaba a él cada vez más mientras su mano permanecía en su mejilla.
Sus ojos brillaron, su corazón embestía su pecho con fuerza y su aliento se congeló, nervioso por la cercanía cada vez más inminente.
"Él le gusta"
El príncipe de los incubos no tardó en identificar esos síntomas, así como tampoco tardó en aclararse la garganta con fuerza y en acercarse hasta ambos para enfatizar aún más su presencia.
Ezra retrocedió rápidamente y sonrió con la calidez que lo caracterizaba. Elliot, por su lado, estaba confundido: parecía que apenas se acordaba de la existencia de Joel.
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Tu alma es mía
FantasyElliot es un joven brujo que intenta seguir los pasos de su madre y ganarse la vida vendiendo pociones, sin embargo tiene un problema: la magia no se le da muy bien. Frustrado de no mejorar pese a años de práctica, decide evocar a un demonio para...
