Capítulo 26: Encuentro

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-¿Tú preparaste esto?-

La sorpresa iluminaba el rostro del panadero, quien contemplaba la sopa, el guiso y el pequeño pastel conforme Elliot los iba sacando de su cesta.

-Algo así... Tuve un poco de ayuda en realidad- el brujo optó por decir la verdad a medias, después de todo, sus habilidades culinarias eran conocidas por Ezra y dudaba poder engañarlo.

A petición del mayor, en lugar de comer en la panadería como habían acordado, terminaron alejándose un poco del pueblo hacia un valle cercano, al lado opuesto de donde comenzaba el bosque.

El clima era agradable y los ruidos de la naturaleza armonizaban el ambiente entre los dos.

Ezra sostuvo la mano del brujo.

-Pasó mucho tiempo desde la última vez que tuvimos un día de campo juntos ¿te acuerdas?-

Una sonrisa se formó en los labios del más joven.

-Éramos muy pequeños aún- lo miró mientras apretaba la mano ajena con la suya -Recuerdo que mi madre me puso una regañada horrible por haberme ido sin decirle- sonrió.

En esa ocasión, un Ezra de 10 años aproximadamente y un pequeño Elliot de 7 se habían fugado juntos para hacer un picnic secreto sin avisarle a nadie. El mayor llevaba un par de panes de la tienda de sus padres mientras que Elliot, a su vez, llevaba un frasco de mermelada.

La comida fue lo de menos: los juegos entre ambos, un montón de cuentos que el mayor le contó al joven brujo y una guerra de cosquillas que casi los deja sin respiración, habían bastado para que ese día fuera memorable.

El pleito consecutivo cuando las madres de ambos por fin dieron con ellos luego de horas de buscarlos era la segunda parte de la anécdota.

-Jamás vi a mi madre tan enojada- Elliot comenzó a reír un poco, lleno de nostalgia.

-Recuerdo que la mía casi me arranca la oreja ¡Te lo juro!- Ezra empezó a reír también -Creí que me iba a convertir en un elfo si la seguía jalando así. Aunque luego se puso a llorar y me sentí muy triste de preocuparla- agregó.

Las risas de ambos continuaron unos instantes hasta que sus miradas se cruzaron. Ezra no perdió tiempo: su diestra fue rápidamente a la mejilla del menor para atraerlo hacia un beso suave pero intenso.

Elliot lo correspondió con una sonrisa, extendiendo el contacto lo más posible mientras degustaba su piel.

-Esta vez tu gato no está mirando ¿Verdad?-

Esas palabras causaron un estremecimiento y un considerable sonrojo instantáneo en el contrario, quien negó de inmediato con la cabeza tras dar una ojeada al rededor, por si acaso.

-Hablando de tu gato ¿qué pasó con él?-

Elliot de verdad quería hablar de todo menos del gato.

-No lo sé... O sea. Si sé, está bien si es lo que preguntas. Es solo que no sé dónde está ahora ¿sabes?- el brujo empezó a divagar -Es que no es mi gato, bueno, mi mascota. Es más como un alma libre que anda por todos lados.... Va a donde quiere y hace lo que quiere- inventó.

Ezra sonrió, sin detener las caricias en el rostro del más joven.

-Supongo que eso es lo normal con los gatos, no debes preocuparte. Si quisieras una mascota que esté siempre contigo, quizás hubieras optado por un perro- dejó un beso en la nariz del chico.

-Ezra-

-¿Si?-

-Ya no hablemos del gato- las manos del menor subieron a la nuca ajena para sujetarla con cuidado y atraerlo a otro beso.

Tu alma es míaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora