Capítulo 10: Desagrado

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Los efectos de la poción tardaron cuatro días y medio en desaparecer,  fue al anochecer del quinto día que Bitru por fin pudo dejar de hablar en rimas, cosa que agradecía bastante ya que las burlas del brujo no cesaron en todo el tiempo que duró el hechizo, pese a que él lo había provocado.

Luego de las primeras 24 hrs de hablar en verso, el demonio decidió no hablar más en presencia del menor hasta asegurarse de que las rimas desaparecieran, de modo que, cuando por fin se dio cuenta de que el efecto había pasado, sus palabras sonaron con toda la seriedad que merecía el asunto:

-... No hay nada de comer-

Elliot estaba sentado en su habitación de magia, revisando un par de libros de brujería. Levantó la mirada de las páginas hasta cruzar sus ojos con los ajenos.

-Ah... No te preocupes, a veces pasa. No tienes que cocinar nada fuerte entonces, prueba con otra cosa-

El mayor suspiró.

-No me estás entendiendo, idiota.  Literalmente no hay nada de comer- puso una expresión seria -No tenemos huevo, nada de frutas o verduras y mucho menos algo de carne. No hay nada más que un par de piezas de pan-

El brujo bajó la mirada de nuevo a su libro, con una expresión seria. No era la primera vez que se quedaba sin nada para comer: muchas veces en el pasado había sobrevivido varios días sin alimento. Era difícil tener siempre algo en la mesa cuando apenas y vendía sus pociones.

Estaba bien, se las arreglaría en un par de días. Siempre se las arreglaba al final.

-Veré si mañana vendo más para comprar algo. De todos modos- miró al mayor de pies a cabeza -No es como que tu te vayas a morir de hambre. Hasta estás empezando a verte robusto de nuevo ¿has cenado bien estos días, don poeta?- se burló.

Joel suspiró, tenía que admitir que pese a que fingió ser mudo ante un par de víctimas más, no tuvo problemas en conseguirse "alimentos" con gente que pasaba por la carretera o que encontraba en los bosques del pueblo vecino.

-Deja de decir pendejadas. A mí no debería importarme que haya o no comida en esta casa justo por eso. Pero como cierto imbécil me volvió su familiar, ahora estoy encargado de cuidarte. Y eso incluye que no te mueras de hambre-

-Que amable~ nunca nadie se había preocupado tanto por mí-

-No me fastidies, puedo cambiar de opinión- se cruzó de brazos -Iré a conseguir algo de comida al bosque, así que tú encargate de preparar algo para beber al menos-

Elliot no tuvo tiempo de responderle porque en cuanto terminó de hablar, el demonio rápidamente abandonó la cabaña y no volvió hasta un rato después, con un par de conejos y un ave.

-Tengo algo que pedirte- miró al menor mientras este cenaba luego de que preparó un poco de guiso con lo que trajo.

-No te pienso alimentar, olvídalo-

-¡NI SIQUIERA TE IBA A PEDIR ESO! Tsk- chasqueó la lengua -No, quiero que me dejes ir al pueblo contigo-

El brujo bajó el bocado que estaba a punto de comerse. Aquella petición lo tomaba por sorpresa.

-No-

-¿Por qué no? Incluso me pusiste un nombre humano para que pudiera acompañarte alguna vez. Quiero ir al pueblo contigo-

Elliot no quería que el demonio se burlara de él si se enteraba de que en el pueblo todo mundo lo consideraba un charlatán.

-¿Para qué querrías ir? No, haces más falta aquí en la casa para que esté bien barrida cuando regrese-

Tu alma es míaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora