-Estaba empezando a creer que me evadías, Sytry-
La reina caminaba tomada del brazo del príncipe, recorriendo los pasillos del palacio. Habían pasado casi seis días desde su llegada y aún así los asuntos oficiales parecían no acabarse.
-No es el caso, Su Majestad, es solo que tenía demasiados pendientes acumulados y no tuve tiempo de preparar todo para usted antes-
No era buena idea mentirle a Lilith, pero era todo lo que podía hacer por ahora si quería que Lagneia estuviera tranquila. No podía solo decirle que estuvo en el mundo humano por meses... Aunque había pistas que eran difíciles de ocultar.
Pese a que ahora se alimentaba a diario, Bitru estaba cada vez más y más pálido. Era tanta su preocupación de que alguien más lo notara que incluso había pedido a Dominik que le pusiera maquillaje para disimularlo.
Haberse alejado de su amo lo estaba matando... En un sentido literal de la palabra.
-Creo que aunque llegué antes de lo acordado todo estuvo en orden. No dejan de sorprenderme, por algo son mi sitio de visita preferido- la reina sonrió -Aunque no se lo digas a Lucifer-
Por el momento seguía ajena a todo.
-Es un honor recibirla, Majestad. El reino entero parece más alegre cada vez que viene- Bitru le devolvió la sonrisa.
-Si... Demasiado felices, incluso para no tener una princesa consorte- sus ojos lilas se posaron en el menor, revelando un brillo afilado.
Finalmente sacaba el tema.
-...Creo que estamos en medio de procesos políticos muy importantes como para distraerme buscando consorte, Su Majestad-
-Debe ser una suerte entonces que las candidatas para el puesto las elija yo ¿No es así?-
Bitru desvío la mirada. Si bien, era cierto que su responsabilidad como príncipe era el casarse con alguna de las Lilinix que su madre le propusiera, hasta el momento estuvo bien por su cuenta.
Además, estando casado sería mucho más difícil ocultar ante el resto del infierno que era el familiar de un humano.
Una esposa significaría dejar al descubierto su esclavitud.
-Parece muy preocupada por mi compromiso, Majestad, casi suena como si quisiera que me case antes de su partida de Lagneia ¿por qué tanta prisa?-
Lilith sonrió pero apretó el brazo ajeno ligeramente a modo de regaño. Pese a que fue un gesto juguetón, el dolor que atravesó al incubo fue tal que casi se le escapa un grito.
-Querido príncipe, ya te dejé soltero casi por 3000 años más que al resto de nobles de familia real en el infierno. No te vas a escapar por más tiempo de una esposa; además, las niñas que me acompañaron esta vez son muy lindas, deberías al menos conocerlas.... O...- el aura de la pelirroja cambió repentinamente y la amenaza inundó su semblante -¿O acaso hay algún otro motivo por el cuál te rehúses a un matrimonio?-
Sus ojos parecían atravesar como puñales al príncipe, que pese a todo hizo su mejor esfuerzo por aparentar calma. No podía decirle que su motivo era mortal, castaño y con pecas.
-Ninguno, Majestad, es solo que no me he visualizado con una princesa a mi lado-
-Pues puedes empezar a visualizarlo ahora, Alteza- Lilith volvió a sonreir, aunque sus siguientes palabras fueron preocupantes -Sino, puedes empezar a visualizarte como un príncipe depuesto. Lo que tu prefieras... Ah, vaya casi es hora de la cena y necesito prepararme. Nos veremos mas tarde, Sytry-
El príncipe no tuvo tiempo de decir nada más porque la figura de su madre se esfumó en segundos, dejándolo solo en el pasillo.
El mensaje de la reina era claro: o se casaba o dejaba su puesto.
Ese día y el siguiente pasaron muy rápido para el castaño: sus jornadas estaban divididas en largas mañanas de trabajo, visitas con la Reina a las casas nobles de mayor prestigio en el reino y en escapadas constantes hacia su habitación o su oficina para ocultar sus lapsos de dolor a causa de la magia del contrato.
-Señor, si esto sigue empeorando creo que ni siquiera alguien como usted podrá regenerarse... Va a morir-
Dominik dijo aquello preocupado cuando en medio de una cena, Bitru se levantó a toda prisa para ir a encerrarse en su oficina. Lo siguió y lo encontró prácticamente recostado sobre el escritorio, sujetándose el antebrazo derecho.
-No necesito que me digas lo obvio... Agh...- algunas heridas en torno a sus manos comenzaban a supurar -Lo que necesito es que vayas y atiendas a los invitados... Yo voy a estar bien en un momento, solo tengo que relajarme y puedo hacer algún conjuro para reducir el daño-
Dominik no quería dejarlo solo.
-De acuerdo... Pero primero iré con el médico del palacio. Puedo inventar cualquier excusa para que fabrique alguna poción que le ayude, alteza- dijo aquello determinado.
-No hace falta, te dije que vayas y.. ¡Domi!-
El menor desapareció por la puerta sin hacerle caso. Obviamente era mas importante la salud del príncipe que una cena social.
Bitru suspiró. Intentó distraerse a sí mismo del dolor y lo logró a medias en poco tiempo, aunque no podía hacer lo mismo para sacarse de la cabeza la culpa que lo carcomía desde que volvió al infierno ¿Que estaría haciendo el brujo? ¿Seguiría enojado con él?
Pasos resonaron en el exterior de la oficina y el príncipe se cubrió las muñecas al identificar que la esencia demoniaca de afuera no le pertenecía a Domi.
-Creí que estaba cenando, Su Majestad-
Se puso de pie para saludar a la Reina, que entró segundos después y cerró la puerta tras ella.
-Lo hacía, pero perdí el apetito al quedarme sin mis adorados hijos en la mesa...- no sonaba muy sincera -¿Acaso te ocurre algo, Bitru?-
-No, mi Reina, solo vine a revisar unos datos porque creo que tengo un pendiente importante mañana y estaba preocupado.... ¿Por qué?-
La pelirroja se acercó a paso calmado y observó de reojo los libros en el escritorio ajeno.
-Oh, por nada en especial. Nada mas allá de un detalle que me llama la atención...- lo miró fijamente y toda la "serenidad" de su semblante se disolvió en una mirada severa al príncipe -...Hueles a magia humana-
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Tu alma es mía
FantasíaElliot es un joven brujo que intenta seguir los pasos de su madre y ganarse la vida vendiendo pociones, sin embargo tiene un problema: la magia no se le da muy bien. Frustrado de no mejorar pese a años de práctica, decide evocar a un demonio para...
