Capítulo 18: Mascota

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El puño del incubo golpeó la puerta un par de veces. Estaba empezando a hacerse tarde y Elliot todavía no salía de su cuarto.

-Son casi las 10, normalmente a esta hora ya estás en el pueblo-

El menor no respondió nada; no porque no lo hubiera escuchado, más bien, dudaba poder verlo a la cara. Seguía apenado por lo ocurrido la noche anterior: recuerdos de cada beso con su familiar le azotaban el cerebro sin descanso y, para colmo, estaba el asunto de Ezra ¿Lo besaría por fin?

"....¿qué tan raro es que me ponga nervioso por ver a mi mejor amigo?" pensó.

-¿Elliot?- Joel seguía esperando afuera.

Reunió su valor y puso una cara seria mientras salía, intentando con todas sus fuerzas fingir que se encontraba tranquilo.

-Perdón, es que estaba cansado-

El demonio levantó una ceja, era más que obvio que Elliot lo evadia... Además, tenía la cara totalmente roja.

-Es tarde, dudo que te de tiempo de comer el desayuno, así que lo meti en esta cesta- la levantó para mostrársela -¿Nos vamos?-

El brujo miró la cesta algunos segundos en silencio y luego levantó la mirada despacio hasta el rostro ajeno. Pasó saliva. Era muy temprano para pensar en cosas innecesarias... Y entre su estrés por la confesión de Ezra y su estrés por el beso de Joel, elegía concentrarse en lo primero.

-No vendrás conmigo- logró decir al fin, tomando por sorpresa al mayor.

-¡¿Eh?! ¡¿Por qué?!-

-Necesito que hoy me consigas ingredientes-

El incubo señaló hacia el cuarto al fondo de la casa.

-¡Te conseguí bastantes provisiones esta mañana! Ni siquiera fuiste a revisar, no mames-

Elliot le quitó la canasta con un movimiento rápido para luego poner en la mano ajena un papel con una lista de cosas más.

-Si pero esta lista la hice apenas anoche. Empezaré a trabajar con las pociones de otro libro y necesito cosas diferentes- pasó a su lado para tomar su sombrero y luego pararse en la puerta de la casa -Espero que puedas conseguir todo, adiós-

Joel no tuvo oportunidad de quejarse porque el brujo cerró la puerta antes de que pudiera decir una sola palabra.

-....Que hijo de la chingada.... Si se pone así por un beso nunca me va a dar de comer- gruñó.

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Las ventas volvieron a bajar: el chico cayó en la decepción más rápido de lo que esperaba.

La gente que en días anteriores se detenía a conversar con Joel y a adquirir alguno de los brebajes, pasaba del brujo como si el puesto ni siquiera estuviera ahí.

Una persona tras otra caminaba por la plaza: mujeres yendo a la mercería, niños jugando, hombres fumando e incluso un par de soldados. La vida parecía seguir como si nada mientras Elliot miraba a todos desde un rincón aparte, esperando vender algo de su mercancía.

Sus ojos se fijaron en una cara conocida: estaba acercándose la guapa joven de cabellos oscuros que antes había coqueteado con el demonio camuflado.  Si la memoria no le fallaba, esa chica había comprado pociones para el cabello y para la suavidad de la piel.

No venía sola, otra chica un poco más joven la acompañaba y ambas se dirigían a la fuente con total calma.

Elliot se armó de valor por segunda vez en el día.

Tu alma es míaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora