Capítulo 60: Preso

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El cruel invierno estaba a punto de llegar y, si era difícil enfrentarlo en una casa, era todavía más complicado sobrellevarlo en un calabozo. Elliot tenía las manos tan heladas, que el abrazo con el que envolvía su propio cuerpo apenas y ayudaba en algo a disminuir el frío que le calaba hasta los huesos.

Fue despojado de casi todas sus pertenencias en cuanto lo arrojaron a aquella celda: guantes, zapatos, calcetines de lana, la capa que llevaba e incluso su corsé; como si alguna de esas cosas fuera a servirle para escaparse. El joven brujo tenía la teoría de que aquello era más bien por el espectáculo de humillarlo más.

¿Cuánto más tendría que soportar?

A pesar de que solo habían transcurrido unas horas desde que lo apresaron, su cuerpo lo sentía como toda una eternidad. En ese corto lapso recibió insultos y amenazas de cada una de las personas con las que se cruzó en su camino hasta prisión; casi agradecía que Doris lo hubiera noqueado para poder encerrarlo sin tanto alboroto, aunque sospechaba que el golpe en la cabeza no fue el unico que le dieron, ya que sus brazos y piernas estaban marcados con una serie de moratones.

¿No se suponía que la humanidad estaba dotada de piedad y empatía? Si la gente que lo vió crecer lo trataba de ese modo ¿Qué podía esperar del resto del mundo?

El sonido de una puerta abriéndose hizo que se encogiera en un rincón de su celda, asustado ante la posibilidad de que lo torturaran para hacerlo confesar cosas que no hizo o que llegaran a avisarle que su ejecución fue adelantada. Cualquiera de las opciones le resultaba sombría.

-Retrocede, brujo- la voz de un guardia dió aquella orden pese a que el menor ya estaba lo suficientemente lejos de la puerta -Tienes visitas... más les vale a los dos comportarse-

Elliot no alcanzaba a ver el pasillo del calabozo desde el rincón donde se encontraba, así que tuvo que esperar un par de segundos antes de que Ezra se acercara hasta su celda, agarrándose a los barrotes con una expresión preocupada.

-¡Ezra!- Elliot se aproximó hasta quedar frente al mayor.

Aunque llevaba mucho tiempo evadiéndolo lo más que podia, ahora estaba feliz de encontrarse con él.

Una de las manos del panadero atravesó los barrotes y acarició la mejilla del chico.

-Estás helado...-

-Tienes que ayudarme a salir de aquí, por favor- los ojos del brujo se inundaron -Por favor... Tú me conoces, sabes que no hice nada malo. Solo vendo pociones. Yo no maté al molinero y tampoco me vengué del pueblo-

La voz quebrada de Elliot bastaba para hacer añicos el corazon del panadero, quien seguía acariciándole la cara con cuidado.

-Yo sé que jamás habrías hecho algo así... Pero nadie me escucha- lo miró triste -Dijeron que las pruebas en tu contra son rotundas... Que tú de verdad practicas magia negra y trajiste a un demonio... Joel-

-E..eso es...-

La mano de Ezra le cubrió la boca antes de que pudiera seguir hablando y, por primera vez en su vida, el brujo notó desconfianza en los ojos ajenos. Eso le dolió más de lo que inaginaba.

-El señor Doris fue a buscarme a mi casa ayer por la tarde... Y me contó que Joel era un incubo y que me tuvo hechizado un tiempo... ¿Tú lo sabías?-

Un nudo se formó en el estomago del menor conforme se sentía asfixiado por la angustia ¿Ezra también iba a odiarlo ahora? Las lágrimas que luchó por contener hasta ese momento por fin se deslizaron desde sus ojos hasta su mentón.

Tu alma es míaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora