Capítulo 16: Lecciones

613 117 71
                                        

-Necesito hablar con Ezra... ¿Crees que puedas adelantarte a la cabaña sin mí?-

Elliot estaba terminando de guardar los frascos en su preciada maleta. De nuevo, el trabajo terminó temprano por las buenas estrategias de ventas que tenía Joel... Eso sí coquetearle a los clientes podía considerarse como estrategia.

-¿No se supone que hay bandidos en el bosque?- el demonio levantó una ceja.

-Soy un brujo, puedo con ellos-

-Claro... No sé por qué no me convences- suspiró mientras jugaba con una hoja del árbol bajo el que estaban -Además, aparte de los bandidos también hay lobos ¿no?-

El brujo miraba ansioso hacia el camino que llevaba a la panadería; había demasiadas sensaciones revueltas en su interior.

-No importa, me las arreglaré. Estuve bien sin ti antes y puedo estarlo ahora... En serio necesito ir; Ezra no está normal- afirmó -¿Puedes hacer lo que te dije o tengo que ordenártelo?-

El mayor rodó los ojos y negó con la cabeza suavemente.

-Lo haré, pero que sepas que no pienso hacer nada si un lobo intenta morderte el culo después- tomó la maleta -Nos vemos-

Joel caminó hacia el bosque y se adentró un poco, pero no continuó. Su curiosidad era demasiado grande como para quedarse sin intentar saber que pasaría con Elliot al notar la actitud rara del panadero.

Con un pequeño "puff", la maleta desapareció en medio de una nube de humo verde y él mismo adoptó su forma felina, regresando sobre sus pasos rápidamente para seguir al brujo en su trayecto hasta el local de Ezra. Marcó una distancia prudente para evitar ser visto y terminó por sentarse en el afelizar de la ventana para fingir que se estaba lavando.

Dentro, el caos comenzaba a desatarse.

-Al fin llegaste- nada más ver al castaño, Ezra se levantó de su lugar, ahogado de nuevo en  esa sensación brutal de deseo.

Su mirada era afilada y penetrante, a un grado tan intenso que el brujo temía caerse  por el temblor que le provocaba en las piernas... Sin embargo, resistió lo que sea que estaba sintiendo y se acercó a paso decidido hacia el mayor, colocando una mano en su frente con cuidado.

-¿Estás enfermo, Ezra?- inquirió preocupado -¿O de verdad bebiste demás? Estás actuando muy raro... No eres así-

Antes de que pudiera decir algo más, la mano grande del panadero se posó sobre la suya y la redireccionó a su pecho, donde su corazón palpitaba con furia.

-Tienes razón... No soy así. Y creo que si estoy enfermo, pero de amor- miró al brujo -Estoy tan enfermo que ya perdí la cordura Elliot: no me importa si me matan en la horca por admitir que amo a otro hombre... no me importa perderlo todo.... -su mano viajó a la mejilla del menor y la acarició con dulzura- Estoy enamorado. Me niego a ocultártelo más tiempo-

El rostro del brujo se había ido enrojeciendo cada vez más con cada una de las palabras ajenas. Una avalancha de recuerdos relacionados a su vida junto al panadero estaban azotándole el cerebro... E incluso un par de sensaciones enterradas en el pasado parecían emerger de nuevo.

El mundo en ese momento se reducía a Ezra y él.... Y también el gato negro que miraba desde la ventana.

Los ojos verdes del gato y una mano fuerte aferrándose a su cintura, lo sacaron de su estupefacción justo a tiempo para volver a empujar al panadero para marcar distancias entre ambos.

-¡¿Que haces?!- no pretendió gritar, pero la sorpresa le ganó.

-¿No es obvio?- Ezra sonrió de lado con una impresionante coquetería -.... Quiero probarte-

Tu alma es míaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora