El tiempo se estaba acabando para el incubo y su amo; si no lograba liberarse del sello rápido, los soldados llegarían a la cabaña, encontrarían el libro de Berith y entonces el alma de Elliot estaría perdida para siempre.
Que el alma del brujo terminara en el infierno era un destino incluso peor que morir en la hoguera. No podía permitir eso.
Usó todas sus fuerzas para tratar de liberarse de los sellos que lo rodeaban, pero la magia divina en que estaba encerrado era poderosa. Se estaba quedando sin energía y empezaba a temer que incluso perdiera la consciencia si seguía resistiéndose, por lo que decidió quedarse quieto; una excelente elección, dado que apenas un instante después, la puerta se abrió y Doris entró.
-¿Intentando escapar? Creí que serías lo suficientemente listo para dejar esto por la paz- dijo el cazador mientras se acercaba a inspeccionar que los amuletos y círculos sagrados estuvieran funcionando -Todos estos sellos podrían detener incluso a un demonio de primera orden... Un ser como tú no tiene oportunidad de romperlos- se jactó.
Sus palabras en cierto modo dieron información positiva al incubo: Doris seguía sin tener claro cuál era su verdadero nombre y su poder, tal cuál había dicho Berith. Eso significaba que, con algo de suerte, si el hombre cometía un descuido podría aprovecharlo para escapar. Necesitaba esperar esa oportunidad.
-Estoy ansioso... ¿Sabes? Ansioso de vengarme por fin de todo lo que me hiciste- Doris clavó su mirada sobre él con tanta frialdad que al mayor le pareció estar viendo a otro ser del infierno -Estaré feliz de ver a tu amo ardiendo en la hoguera y de verte a ti volviéndote un montón de cenizas cuando el santo venga a exorcisarte... El pueblo por fin será libre-
-Te tomas las cosas muy personales ¿No crees?- Joel murmuró aquello entre dientes -Tú ni siquiera eres de este lugar-
-No me importa. Si algún forastero se hubiera tomado la molestia de hacer por mí lo que yo estoy haciendo ahora, tal vez mi esposa y mi hijo estarían vivos-
Pese a que las palabras estaban cargadas de ironía, el tono triste oculto detrás, fue descubierto por el demonio.
-Dios actúa de formas misteriosas ¿Sabes?- Doris se recargó en una pared sin dejar de observar al prisionero -Desde el primer día que te ví en la taberna supe que ibas a ser una piedra en el zapato... Pero quise pensar que eras solo un muchacho soberbio, egocéntrico e irritante... No me imaginé que serías algo mucho peor; un estúpido demonio- escupió al piso al decir eso último -Y luego resulta que tuve un sueño... Bueno, más bien una pesadilla. Recordé la noche en que perdí lo mas valioso que tenía en mi vida y entonces pensé: hey, ese muchacho... Yo lo he visto antes-
Joel sabía perfectamente a lo que se refería el contrario, después de todo, él también había terminado por reconocer a Doris un tiempo atrás. Sin embargo, en ese momento no tenía intención alguna de mostrarse amigable o indiferente, como lo hizo antes.
-Sí que eres rencoroso- sonrió -¿Treinta años y todavía no superas que me cogí a tu prometida?-
La cara del cazador se puso roja por la ira en un instante. Se aproximó a toda prisa hasta el demonio y, sin ningún reparo, tomó una de las flechas que seguía incrustada en su cuerpo para removerla, cosa que le sacó un grito ahogado al mayor.
-¡NO TE ATREVAS A HABLAR ASÍ DE ELLA!- la furia se atoraba en su garganta.
-¿Por qué no? Fue una de las mejores comidas que tuve hasta ahora- la rabia que el demonio tenía acumulada por su captura y la del brujo se reflejó en palabras mordaces. Quería desquitarse al menos de ese modo -Debiste escuchar cada sonido suyo mientras me alimentaba de ella-
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Tu alma es mía
FantasiElliot es un joven brujo que intenta seguir los pasos de su madre y ganarse la vida vendiendo pociones, sin embargo tiene un problema: la magia no se le da muy bien. Frustrado de no mejorar pese a años de práctica, decide evocar a un demonio para...
