Sigue la advertencia de que esto es +18. Allá ustedes.
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-Ngh~ ahh... Espera-
Pese a los jadeos del incubo, Berith no aminoró o frenó los movimientos de su cadera contra la ajena.
Tenia aprisionado a Dominik contra la mesa y lo embestía con cada vez más fuerza, apretándole ambas manos con una suya
-¿Por qué debería?- una sonrisa de lado dejó ver sus colmillos mientras devoraba con la mirada al contrario -Tú fuiste el que se insinuó todo el tiempo ¿No?-
Azotó su mano contra el trasero del menor, causando con eso una exclamación de gusto.
-Tú dijiste que querías alimentarte de mí...- se inclinó sobre la espalda del castaño e hizo a un lado su larga trenza para dejar besos y mordizcos sobre su piel manchada -...Estoy complaciéndote. Agradécelo-
Domi estaba confundido por la actitud tan posesiva de Berith. Era extraño verlo dejar de lado su usual elegancia y tranquilidad... Pero también era bastante sexy.
El problema más bien estaba en la postura: no iba a quejarse, no se encontraba en una pose incomoda, pero todas las veces que pensó en comer del duque se imaginó a sí mismo sentado sobre él, bien sujeto de sus hombros mientras se encargaba de marcar el ritmo con sus propios movimientos.
Estar sometido por el pelirrojo jamás se lo había imaginado.
-P.. Puedes dejar que yo te atienda a ti. Soy un incubo así que terminarás más cansado de lo usual... Ah~- mordió sus labios un segundo, conteniendo los gemidos que el mayor le arrancaba.
Berith seguía encorvado sobre su espalda, tomando cada vez mayor impulso en sus embestidas a pesar de no ir a un ritmo muy rápido.
Prefería lo intenso.
Prefería los escalofríos, el no poder hablar por lo que se sentía y el que la otra persona no pudiera parar los jadeos. Que Dominik siguiera hablando era un reto directo hacía el.
La mano que estaba usando para sostenerle la cintura ahora la utilizó para tomar su cuello desde atrás mientras se acercaba de nuevo a su oreja.
-Estamos en una biblioteca....- susurró, empujando su cadera con más fuerza y quedándose quieto unos segundos cuando sintió que entró del todo -¿Que en Lagneia no saben que en las bibliotecas se debe hacer silencio?-
Su mano le soltó el cuello y en su lugar sujeto el miembro ajeno, atendiéndole mientras retomaba el ritmo de las estocadas. Pequeñas nubes de vapor abandonaban su boca, vaya que el infierno era caliente.
-En Lagneia no cogemos en las bibliotecas.. Mgh...- Domi sonrió mientras lo restaba -Somos demonios decentes-
Que el incubo siguiera mostrando esa actitud a pesar de estar siendo sometido causó un efecto extraño en el pelirrojo. Un leve cosquilleo en el vientre bajo que desquitó inclinándose a morder y besar los hombros ajenos mientras, ahora sí, aceleraba el ritmo.
-Recuerda que sigues siendo mi sirviente... Mmm...- Berith tampoco pudo conteter los jadeos más tiempo -En este punto deberías estar complaciéndome al pedirme más.... ¿O tengo que educarte respecto a eso?-
Su mano subía y bajaba en la entrepierna del vizconde. La sonrisa de Domi tembló ante el placer.
-Mmghh~ ah... ¿por qué? ¿Vas a castigarme si no digo tu nombre... Berith?- lo miró por sobre el hombro y le guiñó un ojo.
El mayor sonrió.
-No quieres saberlo-
Los minutos avanzaban y el calor subía, el incubo iba sintiéndose cada vez más satisfecho respecto al hambre, aunque eso no era sinónimo de que debiera parar... Además de que no podía.
La sensación de hormigueo en su entrepierna iba en aumento como clara señal de que pronto llegaría al clímax, pero toda esa presión seguía atascada ahí: el puño de Berith rodeaba su miembro y su pulgar se ocupaba de bloquear la punta, impidiéndole venirse.
-Mgh... Ah~ Berith, por favor... Necesito hacerlo...-
El pelirrojo empujaba su miembro en su interior con tanta fuerza que la pesada mesa de madera temblaba ante cada movimiento. Sus cabellos se habían pegado a su frente por el sudor que perlaba su cuerpo y sus ojos estaban cerrados por el gusto.
Era vicioso.... Tanto que le costaba parar.
-No puedo... Mgh...- entre jadeos logró susurrarlo -No puedo y además... No quiero dejarte terminar antes que yo. Soy tu amo ahora...-
Domi sabía perfectamente lo que el mayor estaba sintiendo. Era parte de la magia de un incubo causar que sus víctimas no quisieran parar. Normalmente con los humanos a los que tomaban por presas, los hechizaban para que siguieran hasta que la última gota de energía se drenara de sus cuerpos. Era así como, literalmente, mataban de placer.
Era satisfactorio para el menor darse cuenta de que su magia podía afectar incluso a otro demonio, aunque sabía que a Berith no iba a poder matarlo.
-¿Qué tu orgullo no te lo permite? AH~-
El pelirrojo lo apretó más, aunque no pudo decirle nada porque el orgasmo le impidió el habla. Soltó las manos y el miembro ajenos para en su lugar aferrarse con fuerza a sus caderas mientras que, en un par de últimos movimientos, terminaba de liberar su placer dentro del menor.
Nada más Domi quedó libre del agarre del mayor, hizo lo mismo.
No se dijeron nada, Berith se quedó sobre él un momento más y luego simplemente se apartó, no sin antes dejar un beso sobre una de las manchas en la piel de la espalda contraria.
Este gesto descolocó a Dominik, pero no lo mencionó. Se irguió y se giró hacia el contrario, haciendo una reverencia burlona con la cabeza aunque su sonrisa decía otra cosa.
-Gracias por la comida~... ¿No habrá postre?-
Se sentó sobre la mesa y cruzó las piernas divertido mientras observaba al mayor. Berith, por su lado, se estaba limpiando con un pañuelo.
-Vaya, parece que no tienes modales-
-Si los tengo, dije gracias- Dominik sonrió, se encontraba satisfecho, pero irónicamente quería más.
Se acercó por la espalda al pelirrojo, acariciándole las caderas antes de dejar un beso suave en la parte baja de su nuca.
-Ahora... Respecto al postre....-
Su mano se encaminó a la entrepierna ajena pero antes de que pudiera tocarla, una corriente eléctrica lo recorrió de pies a cabeza, obligándolo a retroceder aturdido.
Miró a Berith: la electricidad emergía de sus manos de nuevo y una sonrisa ladeada adornaba su rostro.
-Creo que fui claro respecto a eso ¿no?- se giró para tomar al menor por la barbilla, darle un beso en los labios y luego mirarlo divertido -Comerás cuando yo diga.. Y ahora mismo terminó la merienda-
Acabó de vestirse con prisa y caminó hacia la puerta de la biblioteca, retirando el hechizo que la mantenía cerrada.
-Vuelve a Lagneia por hoy... Y Dominik-
El menor dejó de acomodarse la camisa para mirar al contrario.
-... Más vale que dejes de husmear en mis cosas- la sonrisa del duque desapareció ante esa última frase y fue suplida por una mirada de advertencia que hizo que al castaño se le terminara de bajar la lujuria.
Berith salió de la habitación luego de decir eso.
Tan pronto la impresión se pasó, Dominik volvió a sonreír, relamiéndose los labios conforme salía a observar la dirección en que se había ido el mayor.
-...fue un buen platillo... Ojalá pueda volver a comerlo-
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Tu alma es mía
FantasyElliot es un joven brujo que intenta seguir los pasos de su madre y ganarse la vida vendiendo pociones, sin embargo tiene un problema: la magia no se le da muy bien. Frustrado de no mejorar pese a años de práctica, decide evocar a un demonio para...
