Capítulo 55: Cura

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-Una infección severa en la garganta, lo que yo llamo anginas-

Fue el diagnóstico que dió el médico media hora después, cerrando la puerta de la habitación de Elliot conforme se quitaba los guantes.

-Le hice un medicamento para reducir lo hinchado en su garganta, pero deberá estarlo tomando constantemente- sacó la botella de su maletín y la tendió al incubo -Debe tomar una cucharada tres veces al día... Son  diez monedas de oro-

La mención de esa última cifra hizo que a Joel casi se le cayera la botella, aunque logró sujetarla en el último segundo.

-Creo haber escuchado en el pueblo que usted cobraba solo tres monedas-

-Normalmente así es- el médico se acercó hasta la mesa para tomar la taza de té que había dispuesto el contrario -pero eso es cuando la consulta se hace en una casa del pueblo, sin lluvia, y sin una botella entera de tratamiento incluído-

El demonio suspiró. Diez monedas suponían un gran gasto si se tomaban del poco dinero de Elliot... Pero no eran nada si provenían del infierno. Metió la mano en el bolsillo de su pantalón e hizo aparecer el dinero necesario para luego ponerlo en la mano del otro hombre.

Contuvo las ganas de sonreír, después de todo, el dinero del infierno no se daba sin nada a cambio a los mortales, de modo que en algún momento desaparecería para volver a su lugar de origen... Eso o él mismo se encargaría de tomar el alma ajena luego.

Una vez el médico terminó su taza de té, Joel se ofreció a acompañarlo de regreso al pueblo, aunque su oferta fue rechazada. En cuanto se fue, el demonio se apresuró a recoger las cosas de la mesa y a preparar algo más de comer; seguía sin saber como se encontraba Elliot, pero al menos ahora tenía la certeza de cómo atenderlo.

"Que irónico... Normalmente me preocupo por matar humanos, no por mantenerlos con vida" pensó.

Los días trascurrieron más rápido desde la visita del doctor a la cabaña; Joel dividía sus jornadas entre cuidar de Elliot, buscar ingredientes para las pociones que el brujo elaboraría una vez se recuperara del todo y, ocasionalmente, visitar el pueblo para informarse sobre los avances de Doris en su plan de eliminarlos a ambos. Como si aquello no fuera suficiente, al incubo le dió de pronto la impresión de que la cabaña podía mejorarse en muchos aspectos, así que empezó a ser ordinario verlo cortando madera para armar muebles y reparando cosas.

-Creí que eras un poderoso príncipe del infierno...- murmuró Elliot desde una silla junto a la chimenea mientras observaba al mayor lijar un trozo de madera.

-Lo soy-

-Supuse que los demonios podían hacer muchísimas cosas con magia-

-Estás muy conversador ahora que tu voz empieza a recuperarse- Joel le dirigió una mirada entre divertida y recriminatoria -si yo fuera tú, intentaría no hablar demasiado hasta que me cure del todo-

Siguió en lo que hacía, aunque la sonrisa no desapareció de su cara; estaba contento de que la salud del brujo estuviera cada vez mejor, aunque su voz siguiera algo áspera.

-Es sólo que no puedo creer que un demonio de "alto rango" como dices ser, esté aquí, lijando madera para hacer un banco nuevo ¿No es más fácil que lo hagas con magia?-

-Uhmm... Tal vez-

Joel dejó la lija un momento, marcó un par de pasos de distancia y dió un chasquido con los dedos. Las cosas que manipulaba hasta entonces se desvanecieron tras una breve explosión de humo verde que, al dispersarse, reveló un banco alargado, muy bonito.

Tu alma es míaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora