Capítulo 2

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Alessia:

Hoy es mi primer día. Me levanto de la cama con la mente aún enredada en sueños, arrastrando los pies hasta el baño. La ducha tibia me despierta poco a poco, y al salir, me visto con calma: un jersey azul de cuello alto, una falda negra de tiro alto, y unas botas del mismo tono que suben hasta mis rodillas. 

Dejo mi cabello suelto; lo corté antes de mudarme a Berlín, y ahora cae justo sobre mis hombros. Me encanta cómo se ve: más ligero, más fresco… más yo.

Frente al espejo de cuerpo entero del armario, me detengo un momento. Me gusta lo que veo. Nunca he sido una chica insegura: sé lo que valgo, y disfruto demostrando esa belleza y seguridad sin necesidad de hablar.

Al mirar la hora, me doy cuenta que estoy justa de tiempo. Tomo las llaves del auto y bajo a la cocina. Alessandro ya está listo, enfundado en su traje impecable, el aroma a café flotando a su alrededor. Le doy los buenos días, tomo un jugo y una manzana, y salgo de la casa con paso decidido.

...

La universidad me recibe con un murmullo constante de voces, pasos y hojas agitadas. La arquitectura mezcla lo clásico con lo moderno: columnas robustas en las facultades antiguas, grandes ventanales en los edificios más nuevos. 

Ya había recibido por correo el horario de clases, pero no tenía idea de dónde estaba cada salón. Por suerte, una chica simpática me indicó el camino hacia la Facultad de Derecho, y empecé a caminar deprisa por un pasillo iluminado por tragaluces rectangulares.

Estoy tan distraida en mi apuro que no me fijo en el camino y choco con alguien.

El chico rubio que tengo frente a mí retrocede un paso, con el móvil en el suelo y una expresión de fastidio pintada en la cara. Su cabello es abundante, su rostro atractivo, y sus ojos de un azul eléctrico parecen estar a punto de lanzar rayos… pero todo ápice de encanto se derrumba cuando abre la boca.

—¿No sabes ver por dónde vas, o qué? —me suelta con tono borde mientras recoge su teléfono.

—El que tiene que mirar por dónde va eres tú —le devuelvo el comentario con la misma molestia. Pero no tengo tiempo que perder , asi que paso por su lado alejandome , no si antes decir en mi idioma natal—  Ritardato mentale*. 

*Idiota

No me molesto en mirar atrás.

Más adelante, veo a un chico de estatura media y cabello color miel. Su rostro tiene una dulzura cálida, y me acerco para preguntarle dónde está mi siguiente clase. Me responde con una sonrisa sincera.

—Claro, justamente es mi siguiente clase. Podemos ir juntos — me dice y le sonrío de vuelta —Por cierto, me llamo Aiden .

—Un gusto, Aiden. Soy Alessia.

—Lindo nombre. No te pregunto si eres nueva porque es obvio, pero... ¿de dónde eres? — me pregunta mientras caminamos a clase.

—De Italia. Me mudé hace poco.

—¿Y qué tal te parece Berlín?

—Me gusta. Es bonita. Un poco más fría que Italia, pero creo que me acostumbraré. 

Cuando termino de decirlo, me señala una puerta. Ambos entramos y nos sentamos lado a lado.

—Pues aquí ya tienes un amigo —añade con tono animado—, y estoy encantado de mostrarte las instalaciones. 

Le sonrío agradecida, justo cuando entra el profesor y comienza la clase.

Pasados unos diez minutos, la puerta del aula se abre. Todos levantamos la vista. Y joder…

Alessia (+18)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora