Alessia:
Ayer, después de la cena y charlar un rato, pasamos el resto del día tranquilos. Dormimos cada uno en una habitación. Ellos me habían ofrecido compartir cama con alguno, pero preferí dormir sola. Me hacía falta.
Hoy, como prometieron, a primera hora salimos rumbo al pueblo más cercano. Calles adoquinadas, tiendas boutique con vitrinas llenas de colores, madera envejecida y aroma a café tostado en el aire. Me siento en medio de una postal perfecta.
Ya había elegido algunas prendas, pero sigo curioseando un poco más. En este momento estoy sola con Matthew, que se distrae mirando estanterías con aire casual. Yo estoy más cerca del mostrador, eligiendo zapatos más cómodos. Los otros dos hermanos fueron a otra tienda a hacer sabe Dios qué.
De reojo noto algo que me cambia el humor: la mujer del mostrador lo devora con los ojos. Nada sutil. Nada educado.
No me gusta para nada. De hecho, siento la necesidad imperiosa de dejarle claro que él es mío. Que lo suyo no le da para soñar siquiera.
Así que con mi mejor cara de perra me acerco al mostrador.
—Amor —llamo a Matthew. Él se acerca, sorprendido. No suelo usar apodos empalagosos. Cuando llega a mi lado, continúo:
—¿Te gustan?
—Sí, están muy lindos —me responde, mientras examina los zapatos aunque dudo que tenga mucha idea de lo que busca en ellos.
Puedo sentir cómo la mujer se congela detrás del mostrador.
Rodeo el cuello de Matthew con los brazos y junto nuestros labios. Él no pierde ni un segundo y me devuelve el beso. Antes de separarnos, le muerdo el labio inferior. Sin vergüenza, sin permiso.
—Me los llevo —digo a la mujer con una sonrisa triunfante.
Matthew se queda a mi lado, su brazo en mi cintura. La mujer no logra disimular la decepción. Ni la envidia.
Después de pagar —con su dinero, porque yo no traje efectivo— salimos a buscar a los otros dos.
De reojo veo a Matthew. Tiene una gran sonrisa en los labios. Me gustaría burlarme… pero lo cierto es que me encanta.
No damos muchos pasos cuando aparecen los hermanos. Tienen unas sonrisas perversas en la cara. Mason me extiende una bolsa, y yo arqueo una ceja.
—¿Qué es? —pregunto, desconfiada pero curiosa.
—Un regalo. Aunque creo que lo vamos a disfrutar más nosotros que tú —dice con descaro.
Tomo la bolsa y saco lo que tiene dentro. Lo miro con calma, y luego los observo a los tres con una sonrisa provocadora. Es un conjunto de lencería rojo… atrevido. Sexy.
—¿Y cómo saben cuál es mi talla?
—Ya te hemos cogido las medidas. Seguro que te queda perfecto —dice Mason, subiendo y bajando las cejas—. Cuando quieras nos lo enseñas.
—Si se portan bien… puede ser —digo, guardándolo sin dejar de mirarlos con descaro.
...
Seguimos haciendo compras. Al final, me doy cuenta de que tenemos más de lo necesario. Cada vez que ven algo que les gusta, me lo señalan. Me lo pruebo. Se lo modelo. Y lo compran sin dudar.
La mayoría son vestidos y faldas cortas. Las únicas prendas que llegan por debajo de las rodillas… las elijo yo. Pero tengo que admitirlo: tienen buen gusto. Todos los vestidos que escogieron son preciosos.
Antes de regresar a la cabaña, paramos en una cafetería con paredes de ladrillo visto y mesas de madera gruesa. Comemos rodeados de olor a chocolate caliente, pan recién horneado, y conversaciones apagadas.
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Alessia (+18)
Novela JuvenilAlessia, a sus 18 años, tiene todo su futuro claro: estudiar Derecho en la universidad y ser la mejor en lo que hace. Es una chica que no cree en el amor; ya había tenido una muy mala experiencia que la marcó profundamente. ¿Qué pasará cuando co...
