Alessia:
Estamos en el aeropuerto, bajo el techo brillante y frío del edificio. Las voces se mezclan con el sonido lejano de maletas rodando y anuncios que se repiten por megafonía. Mis emociones están revueltas. Han pasado solo tres días desde que llegaron Nonna y Carina… y ahora tienen que volver a Italia.
Me acerco a mi amiga y le doy un fuerte abrazo.
—Cuídate. Y pórtate bien —le digo, medio regañando.
—Pues tú pórtate mal con esos tres bombones —me guiña un ojo. Yo niego, sonriendo.
Después paso a despedirme de mi abuela. Sus brazos siguen tan cálidos y seguros como siempre.
—Principessa, cuídate mucho —me dice, luego de un largo abrazo.
—Sí, Nonna. Tú también. Y ven más seguido… Te voy a extrañar —le hago un puchero. Siento la humedad en los ojos.
—Yo también, tesoro. Te prometo que en cuanto tenga un hueco en mi agenda, vuelvo.
Me aparto y dejo que Alessandro se despida. Vemos cómo ambas se alejan, elegantes incluso con maletas en mano, hasta que desaparecen entre las puertas automáticas del embarque.
...
Volvemos a casa charlando sobre cosas al azar. La noche ya está aquí, quieta y fría. Como es viernes y mañana no hay universidad, decido entregarme a una sesión de películas y helado.
Me pongo el pijama: pantalones cortos de algodón y un crop top suave. Me acomodo sobre la cama con la mantita, lista para apagar el mundo. Pero entonces…
Suena el celular.
Gruño con frustración y me levanto. Es un mensaje de Aiden:
Aiden: Estoy frente a tu casa. Ven un momento, es urgente.
Frunzo el ceño. ¿Por qué no entra? Me pongo un abrigo encima, porque afuera hace un frío cortante, y salgo.
La acera está desierta. Las farolas parpadean, y el aire nocturno huele a asfalto húmedo. Miro en ambas direcciones. Nada. Camino unos pasos. Nadie.
Me giro para volver a casa.
Y ahí lo veo.
Justo detrás de mí, un tipo con pasamontañas.
El miedo me revienta el pecho. Miro desesperada hacia los lados, pero esta urbanización no es muy poblada. Ni un alma cerca.
Él avanza. Paso rápido hacia la puerta, pero me intercepta. Intenta capturarme. Pero soy más rápida. Le lanzo un puñetazo directo a la nariz. Él se tambalea. Aprovecho y le doy una patada en la entrepierna. Se dobla de dolor.
Gruñe algo que no entiendo. Estoy a punto de correr…
Pero entonces una camioneta negra se interpone en mi camino.
Dos encapuchados bajan.
Retrocedo. Mi corazón parece romperse con cada latido.
Intento gritar. Pataleo. Lucho como puedo. Pero son dos gigantes contra una.
—¡Sueltenme! —grito como loca, pero no me escuchan. No me importa. No voy a rendirme.
Me amarran las manos con una cuerda gruesa, el tacto raspa mi piel. Me arrastran hacia la camioneta. Me resisto. Le doy un cabezazo a uno. Él grita y mira al que ya se ha recuperado de mi ataque.
Ese tercero se acerca con un pañuelo en mano. Lo moja con algo.
Lo pone en mi nariz.
Trato de sostener la respiración. Me agito.
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Alessia (+18)
Roman pour AdolescentsAlessia, a sus 18 años, tiene todo su futuro claro: estudiar Derecho en la universidad y ser la mejor en lo que hace. Es una chica que no cree en el amor; ya había tenido una muy mala experiencia que la marcó profundamente. ¿Qué pasará cuando co...
