Alessia:
Suspiro frente al espejo, contemplando mi reflejo con atención. Llevo un vestido rosa corto que se ciñe como una segunda piel a cada curva, acompañado por unos tacones negros que estilizan mis piernas. He dejado mi cabello suelto, cayendo con suavidad sobre los hombros, y no me he aplicado más que una capa ligera de maquillaje. Me gusta como luzco más al natural, sin excesos.
Tras unos segundos evaluando el resultado, sonrío satisfecha. Me agrada lo que veo. Tomo el celular, capturo una foto y la subo a Instagram sin pensarlo demasiado.
Hoy hay fiesta. De esas que huelen a caos adolescente y promesas a medio cumplir. Por la mañana, quedé con Aiden en que iría a buscarlo para ir juntos.
Recojo lo esencial y lo echo en mi bolso: el móvil, las llaves del auto, algo de dinero... y sí, un preservativo. Porque nunca se sabe cuándo puede aparecer algún chico guapo.
Veinte minutos después, ya estoy frente a la casa de Aiden, tocando el claxon. A los pocos segundos, sale y se sienta junto a mí en el asiento de copiloto, con esa sonrisa que siempre me alegra el día. Me da un beso rápido en la mejilla.
—Estás increíble —me dice, y yo sonrío mientras arranco.
—Gracias. Tú tampoco te quedas atrás, te ves muy bien. —Finjo un puchero—. Una lástima que te gusten las pollas.
—Créeme, si me gustaran las chicas, a estas alturas ya estarías con un Aiden rendidito a tus pies —responde riéndose, mientras me señala la dirección de la fraternidad.
Cuando aparco, la escena frente a nosotros parece sacada de una película adolescente en plena ebullición. Luces de colores iluminan la entrada, música retumba desde los parlantes gigantes y hay gente por todas partes, dentro, fuera, en las escaleras, en los jardines. Un murmullo constante de risas, pasos acelerados y voces que se mezclan con la vibración del bajo.
Entramos juntos. La música está tan fuerte que hablar resulta imposible, así que le señalo el rincón donde están las bebidas. Él asiente y nos dirigimos hacia allí, atravesando un mar de cuerpos moviéndose al ritmo de lo que sea que esté sonando.
...
No sé cuánto tiempo ha pasado. Desde que llegamos, Aiden encontró a alguien con quien coquetear y yo me entregué a la fiesta sin mirar el reloj. He bebido, he bailado, he reído con desconocidos. No estoy borracha —me enorgullece mi resistencia al alcohol— pero sí lo suficiente como para sentirme ligera, despreocupada.
Ahora estoy en medio de la pista, sola, rodeada de cuerpos que se mueven al ritmo de los graves. La música es intensa, vibrante, como si el suelo pulsara bajo mis pies.
Entonces lo siento.
Un cuerpo se posiciona justo detrás del mío. No lo veo, pero la manera en que sus manos se posan en mis caderas y las guían al compás de la melodía me dice que sabe cómo moverse. No es torpe, no está improvisando. Sabe lo que hace.
Sus labios rozan mi cuello, dejando besos húmedos como susurros silenciosos que se cuelan entre las notas de la canción. Un escalofrío me recorre la espalda.
Me giro.
Y joder...
Es un chico pelinegro, ojos oscuros, mandíbula marcada, varios centímetros más alto que yo. Su mirada se sostiene sobre la mía con una seguridad que me sacude.
Le sonrío, coqueta. Luego, sin protocolo, junto nuestros labios.
Es impulsivo, pero excitante.
Mis manos se apoyan sobre su pecho, firme y cálido, mientras su cuerpo se ajusta al mío sin preguntar. Ya no hay pista, ni gente, ni música. Solo esta energía entre los dos que late como un latido compartido.Él no pierde el tiempo, lleva sus manos a mi culo y lo estruja con fuerza, yo enredo las mías en su cuello y al poco tiempo puedo sentir un gran bulto que choca conta mi vientre. Excitada separo nuestras bocas y lo tomo de la mano guíandolo al baño más cercano que encuentro, y para mi fortuna este está desocupado.
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Alessia (+18)
Teen FictionAlessia, a sus 18 años, tiene todo su futuro claro: estudiar Derecho en la universidad y ser la mejor en lo que hace. Es una chica que no cree en el amor; ya había tenido una muy mala experiencia que la marcó profundamente. ¿Qué pasará cuando co...
