Alessia:
—Déjame a mí —me pide Matthew, arrodillándose a mis pies para abrocharme los zapatos.
Al principio de mi embarazo habría protestado por tanto cuidado, pero ahora… lo agradezco profundamente. Mi barriga ha crecido tanto que ya ni siquiera puedo ver mis pies sin sentarme.
—¿Ya estás lista? —pregunta Mason, asomándose a la habitación.
—Sí, solo faltaba eso —respondo justo cuando Matthew termina y se reincorpora.
—Perfecto, vámonos.
Me ofrecen sus manos, cada uno a un lado. Juntas, las tomo. Me ayudan a bajar las escaleras con delicadeza, hasta llegar al salón donde nos espera Manson.
—Estás hermosa —me dice apenas me ve, dejando un beso suave sobre mis labios.
Todo en ellos se ha vuelto tan gentil.
Recuerdo los primeros meses. Tuve que convencerlos de que tener sexo no era peligroso para el embarazo. Reuní pruebas médicas. Les mostré estudios. Pero nada funcionaba. Ellos, con ese miedo constante de hacerme daño, se abstenían. Y yo… con la libido disparada, solo pensaba en tenerlos dentro de mí.
Al final, la amenaza fue la única solución eficaz: les dije que, si no me daban lo que quería, lo buscaría en otro hombre. Funcionó. Y nunca más me negaron nada. Mi apetito quedó satisfecho. Con el tiempo, su rudeza disminuyó. El sexo sigue siendo bueno… pero a veces extraño los viejos tiempos.
Volviendo al presente: no tengo ni idea de a dónde me llevan.
Subimos al coche. Me acomodo mirando por la ventana, viendo cómo las calles de Berlín se suceden a lo largo del cristal.
Salimos del centro, entrando en una zona residencial donde las casas están separadas entre sí. Privacidad. Silencio.
Me ayudan a bajar. Comenzamos a caminar por la acera.
—¿Saben? Para un paseo no hacía falta ir tan lejos —les digo, observando la vegetación cuidadosamente dispuesta—. Podíamos haber ido al parque, a solo unas manzanas del departamento.
—¿No te gusta este lugar? —pregunta Manson, alzando una ceja.
—Sí, es bonito —admito—. Solo que es una opción poco práctica.
—¿Qué podemos decir? Nos gusta ser impredecibles —me dice Mason, rodeando mis hombros con su brazo y sonriendo.
—Vaya, vaya… —interrumpe una voz a nuestras espaldas.
Nos detenemos. Al girarnos, descubro un rostro familiar. A su lado, un hombre demasiado mayor para ella , sujetándola con una cercanía que delata su relación.
—Cuánto tiempo ha pasado —dice, evaluándonos con la mirada.
—Cuánta razón tienes… —digo, dejándole el nombre en el aire, ya que sinceramenteno lo recuerdo.
—Erika, sigues igual —me ayuda Mason.
Ella fue una historia pasada… una nota discordante de la universidad que, honestamente, parecía enterrada en otra vida. Y sí, físicamente sigue parecida: el rubio un poco más claro, los labios más gruesos… lo demás intacto.
—Lo mismo les digo, chicos. Los años no pasan por ustedes —responde con una sonrisa que recorre a cada uno con descaro. Pero cuando se detiene en mí… me mira de pies a cabeza con la sonrisa más hipócrita que he visto en mi vida—. Aunque para otros no es igual.
Hago una mueca , molesta. Estoy a punto de responder, pero Matthew intercede antes de que suelte algúninsulto.
—¿Vives por aquí? —le pregunta, desviando la atención.
ESTÁS LEYENDO
Alessia (+18)
Teen FictionAlessia, a sus 18 años, tiene todo su futuro claro: estudiar Derecho en la universidad y ser la mejor en lo que hace. Es una chica que no cree en el amor; ya había tenido una muy mala experiencia que la marcó profundamente. ¿Qué pasará cuando co...
