Capítulo 11

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Alessia:

Meto la llave en la cerradura y la giro con desgano. Lo único que quiero es meterme en mi habitación, darme una ducha y dormir. Estoy agotada.

Pero para mi desgracia, al cruzar la puerta, me encuentro con una fulana al pie de la escalera. Lleva puesta únicamente una camisa de mi hermano. Al notar mi presencia, se detiene en seco.

—Dime, ¿no te da vergüenza andar en pelotas en una casa ajena? —digo exasperada, justo hoy que tengo un humor de perros—. Supongo que eres tan vulgar que no sabes lo que significa esa palabra.

Ella solo se queda ahí, como estatua, sin decir una sola palabra. Lo único que demuestra que me ha escuchado es el sonrojo en sus mejillas. A sus espaldas, Alessandro baja las escaleras, usando solo unos pantalones.

—Oh, Alessia… no sabía que llegarías a esta hora. Mira, esta es…

Levanto una mano en seco.

—Sinceramente me importa una mierda quién es. Sé que esta  es tu casa y tienes todo el derecho sobre ella, pero me parece innecesario —miro a la mujer de arriba abajo con desagrado—, y muy desagradable, entrar y encontrarme a mujeres semidesnudas paseando por aquí. Yo a ti te respeto, y si quiero follarme a alguien, lo hago de esa puerta para afuera.

Alessandro se rasca la nuca como si las palabras le pesaran.

—Esta casa no es solo mía, es de ambos. No seas tan dura. Cenemos los tres y se conocen como es debido.

—No estoy de humor para eso.

Paso junto a ellos sin mirar atrás. Cuando llego a la cima de la escalera, bufo al escucharle decir:

—Discúlpala. Mi hermana es muy celosa.

Ruedo los ojos. Tal vez tenga razón y reaccioné mal… pero eso no quita mi molestia. Cierro la puerta de mi habitación de un portazo para que quede clara mi postura.

...

Al día siguiente evito a toda costa cruzarme con mi hermano. Salgo directo sin desayunar con él como hago cada mañana. Me detengo en la primera cafetería que encuentro abierta y como algo rápido antes de llegar a la universidad.

El día transcurre de forma monótona. Comparto clases con Aiden como siempre, pero no me encuentro con ninguno de los Müller hasta la salida, donde me esperan pacientemente junto a mi auto.

Al acercarme les dedico una sonrisa cerrada, sin saber bien qué decir.

—¿No nos piensas saludar? —pregunta Mason rompiendo el silencio.

—¿Cómo…?

No termino la frase. En un abrir y cerrar de ojos lo tengo frente a mí, una mano en mi cintura y la otra acunando mi mejilla.

—Así —susurra, y junta nuestros labios en un beso delicioso que correspondo sin dudar, hasta que mi respiración se vuelve errática.

Cuando nos separamos, me lanza una sonrisa y da un paso atrás para dejar espacio.

—Yo también quiero uno —interviene Matthew, haciendo un puchero adorable.

—¿No les importa que nos vean?

—A mí no me importa en lo absoluto lo que piensen los demás. Así que, por favor, ven y dame lo que es mío.

Me muerdo el labio inferior con una sonrisa y me acerco. Envuelo mis manos en su cuello, él rodea mi cintura. Nuestros labios se juntan, y suelta un suspiro antes de profundizar el beso con deseo contenido.

Cuando nos separamos, me giro hacia Manson y arqueo una ceja.

—¿Tú también quieres uno?

No dice ni una palabra. Me jala del brazo hasta que me estampo contra su pecho firme. Luego me toma de la barbilla y junta sus labios con los míos en una forma tan posesiva que me roba el aliento.

Alessia (+18)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora