Mason:
Estoy recostado contra la puerta de mi auto, fumándome un cigarro mientras espero a que llegue Alessia.
La italiana que me tiene completamente trastocado. Lo de ayer... joder. Me descolocó la manera en que enfrentó a Erika. Se mostró segura, fiera, dominante... que se me puso dura con solo mirarla . No suelo quedarme sin palabras, pero con ella, fue otra historia.
Por mi parte no intervine en su plática, ella tenía más que controlada la situación. Ni siquiera me dio tiempo de aclararle que no tengo novia, que Erika no era nada más que entretenimiento ocasional sin relevancia ni compromiso. Solo otra de las muchas que no saben decir adiós después de probarme.
Me jodió bastante la interrupción, sobre todo porque había notado algo distinto en Alessia. Más allá del físico, que me arrastra como un imán, había algo en su manera de hablar, de mirarme... algo que merecía ser explorado. No era simplemente una cara bonita con ideas huecas. Y eso me hizo querer saber más.
Mis hermanos, cómo no, decidieron arruinarlo todo. Dejaron pasar a Erika como si mi habitación fuera de uso público, sabiendo perfectamente que es mi espacio sagrado. Lo hacen a propósito, solo para molestarme. Cuando Alessia se fue, eché a Erika con una mirada fulminante y lancé una expresión de desprecio hacia esos dos idiotas que se partían de risa por haberme jodido la tarde.
Entonces aparece ella.
Baja de su auto con una parsimonia que me enciende desde lejos. Lleva unos jeans ceñidos como segunda piel que se agarran a sus curvas sin pedir permiso. Se mueve como si no le importara quién la mire, lo cual, paradójicamente, obliga a todos a hacerlo.
Tiro el cigarro al suelo, lo aplasto con el pie y emprendo camino hacia ella sin pensarlo.
Al verme, me lanza una sonrisa discreta, de esas que invitan a más sin prometer nada. No me conformo. Coloco una mano en su cintura, acercándome lo justo para que sienta el calor de mi presencia, y rozo su mejilla con un beso lento, medido.
—Hola —murmuro cerca de su oído, sin soltarla.
—Hola —responde.
—¿Qué tal si terminamos lo que empezamos ayer? —digo en doble sentido, con esa sonrisa que sé que funciona.
Ella se ríe suavemente, y sus mejillas se tiñen de un rosa delicado que me da ganas de agarrarla y no soltarla.
Me sostiene la mirada. Luego se humedece los labios con esa lengua provocadora, sin saber el caos que provoca. Automáticamente mi vista baja, atrapada por el movimiento. Y sí, mi mente se va. Imaginaciones voraces. Siento cómo le aprieto la cadera sin querer, como si mi cuerpo hablara por mí.
—Claro. ¿Dónde y cuándo? —responde, para mi sorpresa, siguiéndome el juego. Me saca de mis pensamientos.—Pero asegúrate de que no vengan a interrumpirnos novias locas
—Eso no va a volver a pasar —le aseguro mientras caminamos hacia el interior del recinto.—Y por aclararlo… ella no es mi novia —digo sin apuro—. Solo otra de las tantas que después de probarme no quieren soltarme.
—Joder, te tienes mucho estima —suelta una carcajada.
Me encojo de hombros, encantado de escucharla reír.
—Cuando quieras, te demuestro que no son solo palabras —le digo, cargado de intención.
—Mi piacerebbe *—responde con ese acento italiano que se mete directo bajo mi piel. No sé qué significa pero suena muy sensual.
*me encantaría .
—Quiero pensar que eso fue un “sí”. —Ella se encoge de hombros, manteniendo la sonrisa.
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Alessia (+18)
Teen FictionAlessia, a sus 18 años, tiene todo su futuro claro: estudiar Derecho en la universidad y ser la mejor en lo que hace. Es una chica que no cree en el amor; ya había tenido una muy mala experiencia que la marcó profundamente. ¿Qué pasará cuando co...
