Capítulo 34

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Alessia:

Llego a casa hecha un mar de lágrimas. En cuanto estuve a solas, cualquier intento de controlar lo que sentía se evaporó. Me derrumbé.

Al entrar, cierro la puerta con más fuerza de la necesaria. El ruido alerta a mi hermano, que se asoma de inmediato. Su rostro se contorsiona al ver el mío.

-Solo dime nombres y yo me encargo de que el sicario solucione todo de forma rápida y limpia -dice con total seriedad.

Su comentario logra lo imposible: una risa rota se me escapa entre sollozos.

-¿Estás bien? -pregunta.

Niego con la cabeza. Me acerco y me lanzo a sus brazos, dejándome envolver.

-Alessia, ¿qué pasó? -insiste. Pero vuelvo a negar, separándome lentamente.

-Solo... no los dejes pasar si llegan a venir -mi voz sale rasposa. Me obligo a seguir-. Y por favor, no inviertas ni un minuto de tu tiempo en ellos. No valen la pena.

Sin esperar respuesta, subo a mi habitación y cierro con llave. Después de unos minutos, mi hermano llama a la puerta, pero me niego a abrir.

Me quedo acostada, mirando el techo. Procesando.

Lo que siento... no tiene nombre.

...

Vuelven a tocar.

-Te dije que no quiero hablar ahora -le digo, pensando que es mi hermano. Sé que solo quiere ayudar, pero no estoy lista para un "te lo dije."

-Soy yo, Adler -escucho su voz desde el otro lado.

Me levanto y le abro la puerta. Sé que él no me va a juzgar.

-¿Qué sucedió? -pregunta cuando entra.

No necesito palabras. Lo abrazo de golpe, hundiendo la cara en su pecho mientras rompo en llanto. Él me envuelve en un abrazo cálido, reconfortante. Después de unos minutos, me toma el rostro entre sus manos y me mira directo a los ojos.

-¿Tengo que matar a alguien? -pregunta con una seriedad absoluta.

Sonrío entre el llanto. Niego con la cabeza.

-Los encontré con ella. En la cama. A los tres -le digo cuando nos sentamos juntos en la cama.

Él aprieta mi mano. Firme. Presente.

-Lo siento mucho. Si no te hubiera aconsejado ir... -baja la cabeza.

Le alzo el mentón y niego.

-Gracias a eso descubrí la verdad. Si no, seguirían viéndome la cara.

Me abraza otra vez. Y ahí me quedo. Acurrucada contra él. Soltando todo lo que llevaba dentro: la ira, la tristeza, la decepción, la desilusión.

Vuelvo a confiar en alguien... y lo hacen trizas. Con facilidad. Con descaro.

...

Entro al baño de mujeres. Me acerco a uno de los lavabos y me mojo la cara. Aún tengo los ojos algo rojos por haber llorado toda la noche. Pero hoy... no más.

No voy a llorar por personas que no merecen ni una sola de mis lágrimas.

Anoche solté todo lo que tenía que soltar en el hombro de Adler.

-Pero mira a quién tenemos aquí... -escucho a mi lado.

En el reflejo del espejo aparece Lea, colocándose a mi lado. El baño está vacío. Solo nosotras.

Alessia (+18)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora