Alessia:
No he hablado con los chicos desde que vi a Lorenzo. Ellos no han llamado, y yo tampoco lo he hecho.
He tratado de controlar lo que siento en silencio. No le he contado a mi hermano que lo vi, porque sería capaz de ir a buscarlo y acabar con él... arruinando su vida por alguien que no vale ni una lágrima.
Hoy es lunes. En las primeras clases no me cruzo con ninguno de los tres, y a la hora del almuerzo me siento con Aiden en la mesa de siempre. Para mi sorpresa, cuando ellos llegan, pasan junto a nosotros sin siquiera mirarme. Se sientan en una mesa lejana y comienzan a hablar entre ellos. Frunzo el ceño, sin entender qué está pasando.
—¿Discutieron? —me pregunta Aiden, tan confundido como yo.
—Que yo sepa, no. No sé qué les pasa —me pongo de pie—. Voy a hablar con ellos.
Camino decidida hasta su mesa y me siento en el primer lugar vacío que encuentro. Me reciben con el rostro inexpresivo, como si no fuera nada.
—Hola —saludo, intentando iniciar una conversación. Ellos solo asienten.
—¿Se puede saber qué les pasa?
—¿Qué tú crees? —me responde Manson con el tono más seco que le he escuchado jamás—. Lorenzo nos contó todo.
—¿Y qué se supone que les contó? —pregunto, ya molesta por el tono y por el contenido.
—Que eres una caza fortunas. Que estuviste con él por dinero y que estás haciendo lo mismo con nosotros —dice Mason, con voz apagada, sin levantar la vista de sus manos.
Eso duele. Duele más de lo que debería, porque nunca imaginé que se lo creerían tan fácil.
—Y por lo que veo… le creen —respondo, controlando la rabia y el dolor que empiezan a calarme. Paso la vista por los tres. Matthew baja la cabeza, evitando mirarme.
Suelto una carcajada sarcástica, ahogando las lágrimas que amenazan con asomarse. Me relamo los labios y suspiro, tratando de no quebrarme.
—¿Saben qué?
Ellos levantan la mirada hacia mí. Yo fijo los ojos en los suyos, cuidando que mi voz no delate lo mucho que me está afectando.
—Son tan imbéciles y estúpidos como él. Y si creen todas esas mentiras… se pueden joder e irse a la mierda. Yo no voy a perder mi tiempo con personas que no lo merecen.
Me levanto y salgo a toda velocidad de ahí.
Camino apresurada por los pasillos, sin rumbo claro, cuando choco con alguien.
—Disculpa —digo, bajando la cabeza.
—¿Estás bien?
Levanto la vista. Es Isaac.
Hago un puchero, intentando controlar las lágrimas, y niego con la cabeza. Él me atrae a su pecho y me abraza con fuerza.
—Está bien. Todo estará bien.
No aguanto más. Y se me salen las lágrimas.
No lloro por ellos —aunque me duelen. Lloro por los recuerdos que me trajo Lorenzo. Lloro por lo que me hizo. Por lo que me robó.
Y esta vez… no lo voy a esconder.
—¿Quieres hablar en un lugar más apartado? —me pregunta Isaac. Solo asiento. Necesito desahogarme.
Sin soltarme, caminamos fuera de la facultad y nos sentamos en el pasto, apartados del resto. Tomo aire. Lo suelto. Él espera en silencio, paciente.
—¿Conoces a Lorenzo Vitale? —pregunto. Asiente, dubitativo.
—El amigo de los chicos…—Asiento. Él hace una mueca.—No me agrada.
—Es mi ex.—Abre los ojos, sorprendido. Pero yo continúo.—Cuando tenía quince años, mis padres me lo presentaron. Hijo de un socio. En ese momento era todo lo que quería en un chico: atractivo, gracioso, coqueto, un poco engreído, pero se portaba bien conmigo. Para mis ojos inocentes… era perfecto.—Niego con la cabeza, recordando como si fuera ayer.—Nos hicimos novios pronto. Todo iba bien. Ya llevábamos unos meses de relación y, tonta de mí, creía amarlo. Pero yo no me sentía lista para tener mi primera vez… y pensaba que él lo entendía.
Respiro. Me tiembla la voz.
—Una noche, en una fiesta, se emborrachó. Me llevó a una habitación en su casa. Me empezó a besar bruscamente, como nunca antes. Me lanzó a la cama y comenzó...—Mi voz se quiebra. Isaac aprieta mi mano con fuerza, reconfortándome.—Le pedía que parara. Que me estaba lastimando. Pero no importó cuánto lloré, cuánto grité, cuánto intenté salir de su agarre... Él me superaba en fuerza y tamaño. Y simplemente... siguió.—El pecho se me comprime. Las lágrimas caen sin permiso.—Cuando terminó, se recostó a mi lado como si nada. Dormido. Yo... con dolor, con la ropa desgarrada, me fui de esa casa, sola.
Lo miro a los ojos, y le doy una sonrisa triste.
—Pero eso no fue lo peor. Lo peor fue llegar a casa destrozada buscando apoyo en mis padres. Esas personas que se supone deben amarte incondicionalmente. Que te protegen contra todo. Pero ellos… no son así.—Me paso el antebrazo con rabia por los ojos.—Me dieron la espalda. Dijeron que exageraba. Que solo era una pelea entre enamorados.Lorenzo me buscó al día siguiente. Insistente. Yo no soportaba ni verlo. Todo en él me recordaba lo que me había hecho. Y cuando entendió que no lo perdonaría, se le cayó la máscara.
<<Me gritó que no me quería. Que solo estaba conmigo por un acuerdo entre nuestros padres para juntar apellidos importantes y aumentar la fortuna. Que yo solo era una niñata mimada. Siguió gritando… hasta que mi hermano mayor llegó y lo escuchó todo.—Sonrío levemente, recordando la cara de Lorenzo cuando vio a Alessandro detrás de él.—Le dio tal paliza que acabó en el hospital. Pero mi hermano era mayor de edad, ya estaba por terminar la universidad, y ese incidente podía arruinarle la vida. Los padres de Lorenzo no tardaron en enterarse. Me buscaron. Me ofrecieron un trato: si olvidaba lo que había hecho, no levantarían cargos contra Alessandro. Con la condición de que él se fuera del país.
No lo dudé ni un segundo. Mi hermano lo es todo para mí. Jamás dejaría que su vida se viniera abajo por culpa de ese monstruo.
—Así que accedí. Él no quería irse… pero no tenía opción. Se mudó aquí y ocupó el puesto de mi abuela en la sucursal de la empresa. Ella, al enterarse de todo, vino a apoyarme. Me consiguió al mejor psicólogo. Él me ayudó a dejar de sentirme sucia. A dejar de creer que todo había sido mi culpa. Que yo había provocado algo.
<<Con mi hermano ausente, ella fue todo lo que tuve. Y al ver cómo me trataron mis padres, los desheredó. Para ellos, eso fue más doloroso que lo que me había pasado.Desde entonces, mis padres dejaron de serlo. En mi vida sólo están mi abuela, mi hermano y yo.
Juntos. Contra todo.
—Cumplí los dieciocho. Me fui de casa. Quise empezar una nueva vida… jamás imaginé volver a cruzarlo. Y ahora va por ahí contando mentiras a los Müller. Y ellos, como estúpidos, se las creen.
Suelto todo lo que me quema desde el sábado. Me siento aliviada. Miró a Isaac, y él me envuelve entre sus brazos, besando mi cabeza con ternura.
—No sabes cuánto lo siento —me susurra—. Sé que ellos son mis amigos… pero no te merecen. Aunque no conocieran la historia, lo mínimo era preguntarte antes de creerle.
—Lo sé. Son unos estúpidos.
Nos quedamos abrazados en silencio un largo rato, hasta que él cambia de tema, intentando distraerme.
—Sabes… me encanta Aiden. ¿Me darías su número? No he tenido el valor de pedírselo.
Suelto una risita baja y me separo.
—Son tal para cual. Claro que te lo doy. Hacen una pareja genial —le guiño un ojo.
Intercambiamos números. Le doy el de Aiden también. Nos quedamos bromeando por un rato, haciéndome olvidar, al menos por un momento, de todo lo demás.
Isaac es un chico increíble. Y merece estar con alguien como Aiden.
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Alessia (+18)
Fiksi RemajaAlessia, a sus 18 años, tiene todo su futuro claro: estudiar Derecho en la universidad y ser la mejor en lo que hace. Es una chica que no cree en el amor; ya había tenido una muy mala experiencia que la marcó profundamente. ¿Qué pasará cuando co...
