Alessia:
Me estiro en la cama y abro los ojos lentamente. Al mirar el celular veo que ya son pasadas las diez. Ayer, después de volver de la cafetería, dediqué el resto de la tarde a relajarme: me depilé, me apliqué un par de tratamientos faciales y me di un baño largo en la tina mientras sonaba mi playlist favorita.
Hoy ya me siento como nueva, así que sin mucha pereza me levanto y voy directo a la ducha. Cuando termino, salgo envuelta en una toalla que deshago con calma para ponerme mi ropa interior.
Me quedo un momento frente al espejo de cuerpo entero. Mi mano se desliza instintivamente hasta mi vientre bajo, donde acaricio con la yema de los dedos el tatuaje que me hice cuando todo terminó. Las letras finas y firmes que dicen Resiliencia decoran mi piel con significado.
Por un instante, el recuerdo amenaza con volver. Pero lo alejo, como siempre. No ahora. No hoy.
Me visto con unos jeans de mezclilla negra, un suéter blanco y botas negras. Nada fuera de lo común, pero me siento bien.
Bajo a la cocina y encuentro a mi hermano sentado en una silla, concentrado en su móvil, con una sonrisa en los labios que levanta sospechas.
Entrecierro los ojos.
—¿Con quién hablas? —pregunto, cruzando los brazos.
Él levanta la vista, como si no tuviera nada que esconder.
—Nadie, cosas del trabajo —responde, y yo bufo, escéptica.
—Dudo que las cosas del trabajo te tengan con esa cara de bobo enamorado.
—Yo no tengo esa cara —contesta frunciendo el entrecejo mientras apaga el móvil. Después se incorpora y cambia de tema—. Te estaba esperando para que pasemos el día juntos. Podemos ir de compras, hacer todo eso que te gusta.
—Me encantaría —le digo con una sonrisa—. Los dos necesitamos conjuntos nuevos.
—¿Y qué tiene de malo mi ropa? —pregunta, mirándome con sospecha.
—Está un poco… anticuada —respondo con gracia. La mayor parte del tiempo viste con trajes formales, que le quedan espectacular. Pero su ropa casual, como la que lleva ahora, parece salida del armario de un señor jubilado.
—Bueno… supongo que me puedes ayudar con eso —se encoge de hombros—. Pero primero desayuna.
...
Después de picar algo rápido, subimos a su auto y nos dirigimos al centro comercial.
Lo primero que hago al llegar es llevarlo directo a tiendas de ropa masculina. Le escojo conjuntos informales que realmente necesite, para que no vuelva a usar esas monstruosidades tristes que guardaba como “ropa casual”.
Es evidente que no disfruta estar de tienda en tienda, probándose cada prenda que le muestro. Seguramente por eso nunca lo hacía antes, cuando vivía solo. Pero lo aprecio. Me encanta que se tome el tiempo de hacer algo que no le gusta solo para estar conmigo.
Cuando terminamos con él, es mi turno. A pesar de no necesitar nada urgente, me divierto arrastrándolo por todo el centro comercial. Incluso lo hago entrar conmigo a una tienda de lencería.
No sabía dónde mirar cuando todas las mujeres en el local clavaron los ojos en él. Su atractivo no es ningún secreto, pero en ese momento, Alessandro deseaba que lo fuera. Con su incomodidad a flor de piel, decidí ser buena hermana y terminar rápido con su tortura .
Ahora soy yo quien espera fuera de una tienda mientras mi hermano compra lo que sea que fue a buscar. Estoy distraída con el celular, pero esa sensación de ser observada comienza a instalarse en mi piel.
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Alessia (+18)
Teen FictionAlessia, a sus 18 años, tiene todo su futuro claro: estudiar Derecho en la universidad y ser la mejor en lo que hace. Es una chica que no cree en el amor; ya había tenido una muy mala experiencia que la marcó profundamente. ¿Qué pasará cuando co...
