Capítulo 47

6K 426 12
                                        

Alessia:

Entro sin llamar. Con ellos no hace falta.

La habitación está bañada por la luz suave de la tarde que se cuela por las persianas. Manson yace en la camilla con cara de aburrimiento profesional. Mason está sentado a su lado, absorto en el celular, y junto a la camilla está el doctor Monroe, con un folio en mano y la sonrisa lista para desplegarse.

—Hola —saludo con naturalidad, recorriendo sus rostros con una sonrisa.

—Buenas tardes, señorita —responde Monroe, cordial como siempre. Me observa con ojos clínicos... pero también curiosos.

—¿Cómo se encuentra? —pregunto, refiriéndome a Manson, que me lanza una mirada ofendida y se cruza de brazos.

—¿Por qué no vienes y me saludas? Quizá así te lo diga —dice desde la camilla con fingida indignación.

—Porque tú no eres el doctor —le respondo con sorna, posicionándome junto a Mason, que sin apartar la vista del teléfono me rodea por la cintura y me da un beso sutil en el abdomen. Le acaricio el cabello con calma mientras espero la respuesta que sí importa.

Monroe nos analiza con atención, pero no dice nada al respecto.

—Si todo sigue bien, mañana por la tarde le damos el alta —dice finalmente, consultando el expediente—. Será una pena...

—¿Qué? ¿Acaso vas a extrañar verle la cara de mierda todos los días? —se burla Mason.

Reprimo la risa justo cuando Manson bufa, indignado.

—Agradece que puedes verme tú. Muchos matarían por estar en tu lugar —responde el rubio, con el ego claramente intacto.

—A mí me parecería una pena no poder seguir admirando a ciertas visitas… —añade Monroe, mirándome fijamente.

Mason me aprieta un poco más contra él.

—Mira… —empieza Manson, listo para lanzarse, pero lo corto antes de que escale.

—Me halagas mucho, doctor —le digo con tono educado pero firme—. Pero ahora estoy ocupada.

Vuelvo la mirada hacia los hermanos, les sonrío y luego regreso a él.

—Lo siento.

—Es una pena —dice con su media sonrisa habitual—. Pero ya sabes… cuando no estés ocupada, podríamos tomarnos algo.

—Pues lo siento por ti —salta Mason, con una tranquilidad amenazante—. No, en realidad no siento nada. Ella va a estar ocupada por mucho, mucho tiempo, al menos en lo que a nosotros respecta. Y si valoras tu rostro… te aconsejo que salgas antes de que pierda la poca paciencia que me queda.

El tono es sereno. El mensaje, rotundo.

—Bueno… ya nos veremos por ahí —se despide Monroe antes de salir por la puerta, dejándonos solos.

—Sabes... —dice Manson, con tono lastimero—. Soy el que está convaleciente en esta cama y al que menos cariño le das.

—Oh no digas eso —le respondo, sentándome en el borde de la camilla y acercándome a él—. Solo que eres un gruñón maleducado.

—Ya, pero no contigo —me responde con esa media sonrisa de niño travieso. Le doy un beso fugaz que él transforma en algo más largo, más lento. Cuando nos separamos, me acomoda junto a él y reposa la cabeza en mi hombro, entrelazando nuestras manos.

—¿Y Matthew? —pregunto, echando un vistazo por la habitación.

—Me dejó aquí y tomó mi auto para hacer unos recados —dice Mason, encogiéndose de hombros.

Alessia (+18)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora