Alessia:
Han pasado ya varias horas desde que la abuela entró al quirófano. Horas eternas. Horas llenas de preguntas que no tienen respuesta, de silencios que no consuelan. Mi hermano y yo hemos estado aquí, en este pasillo de luces pálidas y sillas incómodas, intentando reconfortarnos mutuamente, aunque ninguno sabe realmente cómo hacerlo.
Estoy recostada sobre su hombro cuando escucho una voz familiar.
-Alessia...
Levanto la cabeza, sorprendida, y giro en la dirección del sonido.
-¿Manson? -digo al ponerme de pie de inmediato. Lo veo acercarse por el pasillo con pasos firmes, seguido por Matthew y Mason. Los tres con miradas decididas.
-¿Chicos? ¿Qué hacen aquí? -les pregunto, desconcertada pero agradecida en el fondo.
-Tú nos necesitas -responde Matthew al llegar frente a mí.
-Y siempre estaremos para ti -añade Manson.
Mi garganta se anuda. No me salen las palabras. Lo único que consigo hacer es lanzar mi cuerpo hacia ellos, envolviéndolos en un abrazo que no quiero soltar. Necesitaba esto. Su presencia. Su calor. Su fuerza.
Después de unos largos segundos, me separo y los miro con una sonrisa débil.
-De verdad... gracias por estar aquí.
-No tienes que agradecer nada -dice Mason, con esa voz cálida que sabe cuándo decir lo justo-. Nuestro lugar siempre va a ser a tu lado.
Los observo, uno por uno. Y en ese instante, la certeza de mi decisión vuelve a mí con toda claridad: los amo. Con todo lo que soy.
-¿Dónde está Alpha? -pregunto unos minutos después, ya sentados todos junto a Alessandro en las sillas libres del pasillo.
-Está con Aiden -me responde Matthew con una sonrisa tranquila-. En buenas manos, lo prometo.
Asiento. Alpha estará bien. Pero aún así, el nudo en mi pecho no se deshace.
-¿Cuánto tiempo queda para que salga? -pregunta Manson, refiriéndose a la operación de mi abuela.
-No lo sabemos. Cada intervención es distinta -responde Alessandro, apoyando los codos sobre las rodillas-. Pueden durar entre seis y doce horas.
Pasamos un rato en silencio. De vez en cuando alguno de los chicos intenta sacar algún tema, distraerme con alguna historia, una broma, un recuerdo. Pero nada logra hacerme hablar. No tengo ganas. Mi cabeza está en otro lugar, entre quirófanos, máquinas y esperanzas frágiles.
-Necesito tomar aire -digo finalmente, cuando siento que me ahogo.
Me levanto. Los cuatro hacen el intento de seguirme, pero niego con suavidad.
-Sola.
-¿Estás segura? -pregunta Manson, preocupado.
-Sí -respondo, y no digo más.
Camino por el pasillo hasta el ascensor. Al llegar al vestíbulo, salgo por la puerta principal sin detenerme. No me importa nada ni nadie. Solo quiero respirar.
Cuando el aire cálido de la ciudad choca contra mi rostro, por fin siento que mis pulmones se abren. Que el peso se aligera, apenas.
Me detengo en la acera.
Miro a mi alrededor. Todo está tan en calma. Demasiado. Como si el mundo no supiera que, allá dentro, hay una batalla en curso.
Alzo la vista hacia el cielo.
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Alessia (+18)
Ficção AdolescenteAlessia, a sus 18 años, tiene todo su futuro claro: estudiar Derecho en la universidad y ser la mejor en lo que hace. Es una chica que no cree en el amor; ya había tenido una muy mala experiencia que la marcó profundamente. ¿Qué pasará cuando co...
