Capítulo 50

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Alessia:

Es increíble lo rápido que transcurre el tiempo cuando estás rodeada de las personas que amas. Cuando la vida parece estar en su sitio. Perfecta. 

Pero basta un segundo, una llamada, una frase… para que la realidad te golpee como una ola fría, recordándote que la felicidad es frágil. Que lo perfecto nunca dura demasiado.

Estoy en el salón, acurrucada entre los chicos, viendo una película. Hay risas, bromas suaves, una calma cálida. Hasta que suena mi celular. Lo saco con una sonrisa aún en los labios.

—Ey, ¿cómo estás? —respondo, animada.

La voz que llega del otro lado es distinta. Apagada. Grave.

—La abuela está en el hospital —me dice Alessandro.

Todo se me congela. Las manos se me entumecen. La alegría desaparece en un instante.

Los chicos me miran de reojo. El ceño fruncido. Intuyen algo.

—¿Cómo…? —susurro mientras me pongo de pie, el corazón latiendo en la garganta—. ¿Cómo está?

—No tengo mucha información. Me llamaron para avisar. —me responde. —Empaca algunas cosas. Ya compré los boletos. Te recojo en media hora.

—Vale —es todo lo que logro decir antes de colgar.

Subo a toda prisa a mi habitación. Mis pasos suenan urgentes en las escaleras. Empiezo a sacar una bolsa de mano, metiendo lo esencial: pasaporte, documentos, algo de ropa. Mi mente va a mil por hora, imaginando cada escenario posible en Italia. Cada posibilidad.

Escucho las pisadas de los chicos tras de mí. Pero sigo.

—¿Qué pasa? —pregunta Matthew cuando entran.

Tengo los ojos llenos de lágrimas. No me detengo. No puedo.

—Ey, mírame —me dice Mason, acercándose. Me toma el rostro con las manos, suave, delicado, como si tuviera miedo de romperme.

Me detengo.

Sus pulgares limpian las lágrimas que ya se escapan. Me obliga a centrarme en sus ojos. Eso me ayuda.

—Tengo que ir a Italia. Mi abuela… está en el hospital —digo, la voz aún temblorosa—. No sé qué le pasó ni cómo está.  Solo ... - vuelvo a tomar una bocanada de aire - solo tengo que ir a verla.

—Todo irá bien. Seguro que lo estará —me dice Manson con convicción. Matthew se une. Los tres me rodean, me abrazan. Me sostienen.

Y eso… me ayuda a no desmoronarme.

Los ladridos suaves interrumpen el momento.

—Pequeñito —susurro entre lágrimas, al ver a mi cachorro acercarse moviendo la cola con energía. Lo levanto en brazos y lo acaricio. Ha crecido bastante desde que llegó a mi vida. Pero sigue siendo mi bebito.

—Cuídenlo bien, ¿sí? —les digo, con un nudo en la garganta.

—Sí, nosotros también nos vamos a cuidar mucho —bromea Manson con una sonrisa que me obliga a sonreír también.

—Sí, ustedes también —les digo—. Pero si le pasa algo… los mato.

—Tranquila. Yo me encargaré de que esté bien —asegura Matthew. En él sí confío para esto. Así que asiento y vuelvo a dejar al cachorro en el suelo.

—Ahora tengo que vestirme y terminar de recoger antes de que llegue Alessandro —les digo. Ellos lo entienden. Me dan besos de ánimo y bajan al salón.

Alessia (+18)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora