Alessia:
Me levanté con el cuerpo pidiendo tregua. El sueño se pega a mis huesos como si la cama me hubiera declarado rehén. Ayer, después de despedir a Adler, pasé el día reorganizando el departamento, tratando de llenar los espacios que su ausencia dejó.
Pero hoy es lunes.
Y no puedo seguir escapando.
Reuno toda la fuerza de voluntad que me queda y me obligo a prepararme para la universidad.
Una vez lista, compruebo que todo esté en orden. Tomo las llaves del auto y salgo al pasillo. Camino hacia el ascensor, pulso el botón y entro marcando el nivel 0 para bajar al estacionamiento.
Justo cuando las puertas están a punto de cerrarse, una mano las detiene. Se abren de nuevo.
Y cuando lo veo...
Se me seca la boca.
Un hombre entra. No parece pasar de los 25. Traje oscuro ajustado a un cuerpo tallado sin esfuerzo. Pelo castaño oscuro, casi negro. Ojos gris tormenta que no piden permiso al mirar. Y esa sonrisa...
Esa sonrisa tiene algo de ángel caído.
Se inclina y marca el mismo piso que yo. Se queda frente a mí. Yo simplemente lo observo, embelesada.
Es, sin duda, el hombre más sexy que he visto en mi vida.
—Vaya, muchas gracias —dice de pronto. Su voz es ronca. Masculina. Casi peligrosa.—Frunzo el ceño, confundida.—Tú también eres muy sexy.
Mi corazón se detiene. Se suponía que lo pensaba. No que lo decía.
La vergüenza me abruma. Me pongo roja. Rojo granada. Él me observa con una sonrisa divertida, como si disfrutara cada segundo de mi ruina.
—Emm… —carraspeo, buscando recuperar mi voz. Y tal vez un poco de dignidad—. Gracias, pero no te lo decía a ti…
Él arquea una ceja, con ese gesto que dice ¿En serio? Solo estamos tú y yo.
Tiene razón.
Entonces pienso rápido. Y le señalo el auricular que, por suerte, llevo puesto.
—Mmm, ya veo… —dice, aunque está claro que no me cree del todo—. Estoy acostumbrado a escucharlo. Solo que nunca tan directamente.
Ahora soy yo quien arquea una ceja.
—Un poco arrogante, ¿no crees?
Él se encoge de hombros. No intenta disimular. Su mirada sigue fija en mí, y trato de no desviarla hacia ningún sitio que sea menos peligroso que sus ojos.
—¿Eres nueva? —pregunta, justo cuando el elevador abre sus puertas al nivel del aparcamiento.
—Sí. Me mudé hace poco —respondo, comenzando a caminar hacia mi auto.
—Bueno… supongo que nos veremos por ahí —dice—. ¿Cómo dijiste que te llamabas?
Le sonrío de medio lado, saliendo por fin del embobamiento.
—No te lo dije —respondo, abriendo el auto—. Ya nos veremos por ahí.
Entro sin esperar respuesta. Lo pongo en marcha.Cuando salgo, lo veo recostado a un lujoso Bugatti. El mismo gris tormenta de sus ojos. Me regala una sonrisa de medio lado y me despide con un gesto.Suspiro al alejarme. Arrogante y sexy. Tal vez demasiado para un lunes por la mañana.Pero yo también sé jugar ese juego.
El manos libres vibra.
—Dime.
—¿Esa es forma de saludar a tu mejor amigo? —responde Aiden.
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Alessia (+18)
Ficção AdolescenteAlessia, a sus 18 años, tiene todo su futuro claro: estudiar Derecho en la universidad y ser la mejor en lo que hace. Es una chica que no cree en el amor; ya había tenido una muy mala experiencia que la marcó profundamente. ¿Qué pasará cuando co...
