Alessia:
A la salida de la universidad, los chicos me invitan a su casa, pero rechazo la oferta. Hoy tengo una visita pendiente: Aiden.
Conduzco hasta su casa bajo el cielo de media tarde, ese tono cálido que parece cubrirlo todo con una sábana de miel. Al llegar, toco el timbre. Me recibe una empleada que me sonríe con amabilidad y me indica que Aiden está en su habitación, acostado.
Subo las escaleras con pasos suaves. Antes de entrar, toco dos veces.
Al abrir la puerta, lo veo.
Mi pobre amigo está hecho un desastre: recostado, envuelto en una colcha gruesa, rodeado por una cantidad absurda de pañuelos usados. Su cabello está alborotado, los ojos vidriosos, y su nariz parece haber peleado con un papel de lija.
—Hola —le digo con una sonrisa, sentándome en el borde de la cama.
—Hola —responde con voz ronca—. ¿Me extrañaste?
—No sabes cuánto. ¿Te sientes muy mal?
—Sí... creo que voy a morir —dice teatral, y yo ruedo los ojos.
—Supongo que es karma, por engañar a tu pobre amiga y dejar que la secuestraran a la fuerza por tres hombres.
—Bueno... si lo dices así suena feo. Desde mi perspectiva, solo ayudé a que mi amiga se reconciliara con los tres bombones que la tienen loca —dice con una sonrisa pícara, interrumpida por un estornudo.
—¿Cómo te fue? —pregunta, sonándose la nariz.
—Muy bien. Me llevaron a una cabaña que tienen en el Lago del Rey. Pasamos esos días juntos, conociéndonos más —le cuento mientras sonrío—. Y antes de irnos, me regalaron esto.
Le muestro el collar que no me he quitado desde que me lo dieron. Oro blanco, rubí en forma de corazón, pequeños diamantes. Lo toma entre sus dedos y lo examina con cuidado.
—Es hermoso... y debe haber costado una barbaridad —dice al soltarlo.
—Me encantó. Además es rojo. Mi color favorito.
Él sonríe, aunque su mirada brilla con curiosidad.
—Y... —sube y baja las cejas con aire travieso— ¿disfrutaron mucho?
—No. Para que veas, solo lo hice una vez con Matthew. Fue espontáneo. Hubo una noche que jugamos verdad o reto y pensé que pasaría algo más, pero les hice una pregunta y la atmósfera se congeló —hago una mueca al recordarlo.
—¿Qué preguntaste?
—Si alguna vez habían compartido a una chica. No respondieron. Se tensaron. En otra ocasión les pregunté si se habían enamorado alguna vez y tampoco quisieron hablar. Noté que eran temas sensibles, así que no insistí.
—Puede ser —dice, pensativo, llevándose la mano a la barbilla—. Pero no recuerdo haberlos visto con una sola chica en los tres años que los conozco... aunque tampoco prestaba mucha atención.
—Bueno, cuéntame tú —le digo, sonriendo pícara—. ¿Qué tal tú y el papasito de Isaac?
Aiden se sonroja de inmediato. Con la nariz roja, parece un peluche resfriado.
—Bueno, desde nuestra cita en el cine, nos hemos visto más seguido. Y todas las noches nos mandamos mensajes de buenas noches —dice, casi escondiéndose bajo la colcha.
—Y... —lo miro con una sonrisa traviesa. Él se sonroja más.
—Todavía no lo hemos hecho... pero el otro día nos... ya sabes... el uno al otro.
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Alessia (+18)
JugendliteraturAlessia, a sus 18 años, tiene todo su futuro claro: estudiar Derecho en la universidad y ser la mejor en lo que hace. Es una chica que no cree en el amor; ya había tenido una muy mala experiencia que la marcó profundamente. ¿Qué pasará cuando co...
