Alessia:
Estiro la mano y apago el molesto sonido de la alarma. El cuerpo aún reclama cinco minutos más, pero por inercia me levanto. Camino directo al baño, cumplo con lo básico y me doy una ducha rápida que me despeja sólo lo justo.
Salgo envuelta en una toalla, el vapor aún flotando en el aire. Abro el armario, escojo lo primero que encuentro: unos jeans ajustados azul oscuro, un crop top negro, y unas botas del mismo tono que me hacen sentir firme aunque el mundo no lo esté. Un abrigo beige completa el conjunto.
Desayuno algo rápido en la cocina, sin ceremonia. Solo rutina. Solo avanzar.
Salgo, cierro con seguro, me dirijo al ascensor.
Cuando las puertas se abren… ahí está.
El chico del ascensor. Otra vez.
Me sonríe con la misma confianza elegante del día anterior.
Traje perfecto. Mirada perfecta. Maldita perfección en general.
—Nos volvemos a encontrar —dice con esa voz que parece haber sido diseñada para audiolibros de romance.
—Así parece —respondo, recostándome a la pared tras marcar mi destino.
Un silencio cómodo. Que dura lo justo.
—¿No me dirás tu nombre? —pregunta finalmente.
Lo miro. Sonrío.
—¿Para qué quieres saberlo?
—Curiosidad —responde, encogiéndose de hombros—. “La chica del ascensor” no es que sea un gran mote.
—A mí me gusta —replico.
—¿Trabajas o estudias?
—Estudio —digo, sin devolver la pregunta. Está claro que trabaja. ¿Dónde? Misterio.
—¿Vives sola?
Me río.
—¿Eres policía?—Sus ojos recorren cada centímetro de mí antes de responder.
—Depende quién lo pregunte.
A muchas se les habría caído la compostura. A muchas… incluyéndome.
—Dudo que lo seas —respondo al recuperar la firmeza.
—¿Por qué?
—Un policía no iría todos los días en traje —lo señalo—. Y estaría en mejor forma.
Lo digo solo para molestar. Está mas que bien
—Estoy en muy buena forma —dice entre risas.
Luego se relame los labios y da un paso hacia mí. Cercano. Casi temerario.—Cuando quieras… te lo demuestro.
Y así, con esa sola línea, me encendió de mil maneras.
Pero no lo voy a demostrar.
No ahora.
Sin apartar la mirada, le respondo con voz suave:
—Tal vez algún día.
Justo entonces… las puertas se abren.
Él se aparta.
—Adiós.
—Adiós —me responde, sin dejar de observarme como si descifrara una ecuación compleja.
Camino hasta mi auto. Lo pongo en marcha.
Cuando voy saliendo… lo veo. Y repetimos la misma rutina que la vez anterior. Él apoyado en un Bugatti gris, el mismo tono de sus ojos, me lanza una sonrisa de medio lado. Un gesto de despedida.
ESTÁS LEYENDO
Alessia (+18)
Novela JuvenilAlessia, a sus 18 años, tiene todo su futuro claro: estudiar Derecho en la universidad y ser la mejor en lo que hace. Es una chica que no cree en el amor; ya había tenido una muy mala experiencia que la marcó profundamente. ¿Qué pasará cuando co...
