Alessia:
Hace ya un rato que regresamos del paseo en yate. Me encuentro en la cocina, con los pies descalzos sobre el piso frío de madera y una taza de té aún humeando en el mesón. Estoy a punto de llevarme una tostada a la boca cuando suelto un grito.
Un grito real. Agudo.
Una cosa horrible —una mezcla entre insecto y monstruo en miniatura— camina por el suelo como si fuera su casa. Mi tostada vuela por los aires.
En segundos, los tres hermanos aparecen en la cocina.
—¿Qué pasó? —pregunta Manson, alerta.
Señalo la criatura con un dedo tembloroso, retrocediendo unos pasos.
—¿Gritaste así por esa cosita? —dice Mason, burlón, mientras la recoge del piso con dos dedos. Luego, como quien tiene una misión, se acerca a mí con ella.
—¡AHHHH! —chillo y me escondo detrás de Manson.
—¡Manson! —me quejo formando un puchero—. Dile que pare.
Manson le da una colleja a su hermano.
—Déjate de tonterías.
Mason me mira como si le acabara de romper el corazón.
—Manipuladora —dice, señalándome antes de salir de la cocina para botar esa cosa asquerosa.
Yo le doy un besito a Manson, agradecida. Matthew observa todo riéndose, apoyado sobre la encimera.
—¿Qué cenamos? —pregunta Mason al regresar, ya con las manos lavadas. Los tres me miran como si esperaran una revelación divina.
—¿Qué quieren que haga?
—¿Qué tal pasta? —sugiere Matthew—. A mí me encanta, y seguro que tú la haces deliciosa.
—Vale, pero ustedes solo miran —les advierto, señalándolos con el dedo.
Ellos alzan las manos, rendidos.
Empiezo a preparar la pasta. La cocina se llena del aroma del ajo sofrito, del sonido del agua hirviendo y de conversaciones suaves que flotan en el aire.
Después de cenar, los cuerpos cansados ya no responden igual. Cada uno se retira a su habitación.
Esta vez… duermo junto a Manson.
Me acomodo contra su cuerpo, usando su pecho como almohada. Él pasa un brazo por mi cintura. Su respiración es profunda. Tranquila.
Y así, entre el calor de sus abrazos y la quietud de la cabaña, me dejo llevar por el sueño.
....
Hoy volvemos a casa. Ahora mismo me encuentro en el salón de la cabaña junto a mi maleta llena con toda la ropa nueva. Espero mientras los hermanos se aseguran de que todo esté en orden para partir.
Cuando los tres aparecen en mi campo visual, les sonrío y me levanto del asiento.
—¿Listos? —pregunto.
—Sí, pero antes queremos darte esto —dice Manson, acercándose con una pequeña caja de terciopelo negra.
Me la tiende. Al abrirla, descubro un delicado colgante de oro blanco, con un dije de rubí en forma de corazón bordeado por pequeños diamantes. Levanto la mirada. Los tres me observan, expectantes.
—Chicos… es hermoso. Pero no era necesario.
—¿Te gustó? —pregunta Matthew.
Asiento. Él suspira con una sonrisa dulce.
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Alessia (+18)
Genç KurguAlessia, a sus 18 años, tiene todo su futuro claro: estudiar Derecho en la universidad y ser la mejor en lo que hace. Es una chica que no cree en el amor; ya había tenido una muy mala experiencia que la marcó profundamente. ¿Qué pasará cuando co...
