Capítulo 26

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Alessia:

Me levanto lo más silenciosamente posible. El cielo aún no se ha desperezado del todo, y los hermanos duermen plácidamente, envueltos en las sábanas como si fueran parte de la cama.

Con paso sigiloso, me deslizo hasta el baño. Después de atender mis necesidades, bajo a la cocina, donde encuentro a una empleada de avanzada edad que al verme sonríe con dulzura. Yo le devuelvo el gesto.

—Buenos días, señorita —me saluda amablemente.

—Buenos días. Quiero hacerle el desayuno a los chicos —le explico—. ¿Me puedes indicar dónde están los ingredientes?

—Claro. Si gusta, lo puedo hacer yo —ofrece con amabilidad.

—No, gracias. Me gustaría hacerlo personalmente.

Marlene, como me dice que se llama, me indica dónde está todo. Decido preparar panqueques, especialmente porque sé que a Mason le encantan.

Después de hacer una gran cantidad (sí, como si se tratara de alimentar a un batallón hambriento), Marlene se ofrece a encargarse de lo que ensucié y llevar el desayuno a la mesa. Yo, por mi parte, subo a buscar a los chicos.

Al llegar a la habitación me topo con una escena que me arranca una sonrisa. Manson y Mason abrazan a Matthew en medio de la cama. Él ocupa el lugar que antes era mío. No me resisto: agarro mi teléfono de la mesita de noche y les saco una foto.

El sonido de la cámara hace que Manson se remueva dormido. Sin abrir los ojos, le da un beso en el cuello a Matthew. Este último se gira aún medio dormido y comienza a darle besitos por toda la cara.

Y yo… yo ya estoy grabando.

Con una sonrisa malévola, documento cada movimiento. Este material me va a servir para burlarme de ellos durante semanas.

—Amaneciste juguetona —susurra Manson con una sonrisa ladeada.

Es justo cuando Matthew abre los ojos y, al darse cuenta de a quién estaba besando, se aparta bruscamente. Manson, sintiendo el movimiento, también despierta por completo. Su mirada pasa de mí —con mi celular en alto— a su hermano, que tiene cara de espanto.

Se aleja lo más posible con una mueca de asco.

—Eres imbécil —masculla Manson.

—Imbécil serás tú —responde Matthew, indignado—. No sabía que eras tú. En cualquier caso, tú fuiste el que me besó primero.

—Cállense ya, partida de imbéciles. Déjenme dormir —gruñe Mason desde su lado de la cama, completamente ajeno al espectáculo.

Apago la grabación y me siento junto a él, besándole suavemente los labios.

—Feliz cumpleaños —le digo al separarnos.

Él sonríe.

—Gracias. Así sí vale la pena despertarse. No con estos que dicen ser mis hermanos y no me dejan ni dormir el día de mi cumpleaños —alega, abrazándome con dramatismo, lanzando una mirada de reproche a sus hermanos.

—Nosotros también te queremos. Feliz cumpleaños —dice Matthew, con tono conciliador.

—No seas tan gruñón, ese es mi papel —le sonríe Manson—. Felicidades —añade, incorporándose.

—Bueno… venía a decirles que les hice panqueques de desayuno —les informo, alzando la barbilla con orgullo.

—Adelántense, que necesito ir al baño —dice Mason, levantándose mientras nosotros salimos de la habitación.

Alessia (+18)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora