Alessia:
Mi corazón martillea con fuerza mientras cruzo las puertas principales del hospital, sumergida en la luz blanca y fría que todo lo envuelve. El olor a desinfectante, el murmullo de pasos apresurados, el eco lejano de voces tensas… cada estímulo se multiplica en mi cuerpo como si el mundo estuviera hecho de agujas.
Camino directamente hacia la recepción, donde una mujer de mediana edad me observa con ojos calculadores, como si intentara descifrar mi urgencia antes de oírla.
—Quiero saber dónde está Manson Müller, por favor —le digo, jadeante, con la garganta cerrada por la ansiedad.
Ella me escanea de arriba abajo, cautelosa.
—Lo siento, no puedo dar esa información a menos que sea un familiar directo del paciente.
Sus palabras caen como un jarro de agua helada. Me obligo a respirar. A no romperme.
Desde que Nora me llamó, he estado conteniendo las lágrimas por la incertidumbre. El solo imaginar que algo grave le haya ocurrido a Manson mientras yo estaba en otra parte… me aplasta.
—Soy su pareja —miento, con la voz apenas temblorosa—. Por favor, señora… estoy muy preocupada.
Durante unos segundos, ella me estudia en silencio. Hasta que finalmente, asiente con un leve suspiro y comienza a teclear en el ordenador.
—Está en el piso 4. Habitación 345.
—Muchas gracias —digo rápidamente, corriendo hacia el ascensor. Marco el número. El trayecto se me hace eterno. El silencio metálico me deja oír cada latido.
Cuando por fin las puertas se abren, salgo a toda prisa al pasillo blanco de luces estériles, donde la espera se convierte en tortura.
A lo lejos, reconozco a los Müller sentados en un grupo de sillas grises. Nora, el padre y los dos hermanos. Todos con rostros apagados, rotos.
Los primeros en reaccionar son Mason y Matthew. Se levantan al mismo tiempo, y cuando llegan hasta mí, me envuelven en un abrazo que no rechazo. Lo necesitábamos. Todos.
—Alessia… —susurran. Sus voces quebradas no hacen más que encogerme el alma.
—¿Qué pasó? ¿Cómo está? —pregunto cuando me separo y camino hacia sus padres.
Nora me mira. Sus ojos, hinchados de tanto llorar, se llenan de emoción al verme llegar. Me abraza con fuerza. Su cuerpo tiembla.
—Todavía no sabemos mucho —me dice con la voz rota—. Nos llamaron de urgencia. Dijeron que había tenido un accidente con la moto. Cuando llegamos ya lo habían trasladado. El médico entró y… estamos aquí desde entonces, esperando.
La forma en que me agradece por estar allí me deja sin respuesta. No sé qué decir. Así que la abrazo otra vez.
Luego me siento, y dejo que el tiempo pase. Y lo único que siento es culpa. Culpa por no haber estado. Por no haber respondido llamadas. Por estar distraída, por habérmelo permitido mientras él estaba aquí.
Después de un rato, Matthew y Mason se sientan junto a mí, uno a cada lado, tomándome de las manos y apoyando sus cabezas en mis hombros. No los aparto. No puedo. Y aunque otra parte de mí se tensa, la necesidad de consuelo pesa más que cualquier herida.
Decido que por ahora no hay resentimientos. Que este momento es solo de nosotros. Por él. Por Manson.
El tiempo se arrastra como una sombra hasta que, finalmente, sale el médico. Todos nos ponemos de pie.
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Alessia (+18)
Teen FictionAlessia, a sus 18 años, tiene todo su futuro claro: estudiar Derecho en la universidad y ser la mejor en lo que hace. Es una chica que no cree en el amor; ya había tenido una muy mala experiencia que la marcó profundamente. ¿Qué pasará cuando co...
