Capítulo 28

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Alessia:

Toco la puerta de la casa de los chicos. Como siempre, es Marlene quien me abre, con esa sonrisa cálida que siempre lleva puesta.

—Señorita —me saluda, haciéndose a un lado.

—Marlene, buenas tardes —le respondo con una sonrisa—. ¿Los chicos?

—Están en el salón.

—Gracias.

Entro sin prisa, ya familiarizada con cada rincón de esta casa . Al llegar al salón, me los encuentro : Matthew y Manson jugando en la consola, concentrados; Mason, más apartado, sentado en otro mueble, tranquilo.

—Hola —saludo, acercándome.

—Königin —me dice Manson, sin despegar los ojos de la pantalla.

Me acerco a cada uno para darles un beso, y me acomodo entre Manson y Matthew.

—¿Qué juegan?

—Fortnite. ¿Quieres jugar? —me invita Matthew, iluminado por la emoción de compartir partida.

—¡Claro! —me acomodo mejor—. ¿Acaso lo dudas?

—¿Sabes jugar? —me pregunta Manson, provocador.

—La pregunta ofende. Ya he vencido varias veces a tu hermano —le digo con arrogancia.

—Ganarle a él lo hace cualquiera —responde Mason desde su asiento, sin apartar la mirada.

—No soy tan malo —se defiende Matthew, indignado.

—Puede que no, pero en comparación con nosotros... sí lo eres. —Manson sonríe—. Ahora vamos a ver de qué estás hecha.

—Ya veremos —le replico, con la misma sonrisa desafiante.

Comenzamos a jugar. El ambiente se llena de gritos, risas y comentarios burlones. Lo obvio: Matthew es siempre el primero en caer. Pero su hermano sí que da batalla. Estamos empatados en victorias hasta que me distraigo por un segundo… y Manson me elimina por la espalda.

—Bueno, se puede decir que no eres tan mala —dice, con una sonrisa victoriosa que me enciende más que el juego—. Pero sigo siendo mejor.

—Ganaste porque te dejé —me cruzo de brazos, digna.

—Claro que no. Acéptalo, soy el mejor.

—No eres nada inteligente —interviene Matthew, comiéndose una galleta—. En vez de ser caballeroso, compites contra ella.

Arrugo la frente.

—Yo no necesito que me dejen ganar —me levanto del asiento, un tanto indignada —. Me cansé. Sigan jugando sin mí.

Con paso firme me alejo, y me dirijo hacia donde está Mason, que no ha movido un dedo desde que llegué. Cuando me ve acercarme, esconde algo con disimulo.

Me siento en sus piernas, cruzada por la curiosidad.

—¿Qué hacías?

—Nada importante.

Le echo un vistazo y noto el cuaderno y el lápiz entre sus manos. Me inclino, ceja arqueada.

—¿Estabas dibujando?

—Sí… pero no voy a enseñártelo.

—¿Por qué no? —le hago un puchero, poniendo la mejor cara de pena que tengo en reserva—. Por favor…

—No, no me vas a convencer.

Acerco mi rostro al suyo y deslizo mi mano lentamente hasta el cierre de su pantalón.

Alessia (+18)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora