Capítulo 9

9.5K 656 42
                                        

Alessia:

Ayer, después de mi encuentro con los hermanos Müller, volví a casa con Alessandro y tuvimos una noche de hermanos. Pedimos pizza, nos pusimos a ver películas viejas y nos reímos como cuando éramos pequeños. 

Por la noche, recibí un mensaje de Aiden invitándome a hacer una pijamada en su casa. Le dije que sí sin pensarlo. Pero justo hoy, mi hermano llevó mi auto al taller para una revisión. Así que aquí estoy, caminando por las calles rumbo a casa de Aiden.

Cruzo una calle y empiezo a notar algo extraño. Una motocicleta me sigue a paso lento desde hace algunas cuadras. Aprieto el paso, cada vez más inquieta, pero el conductor también lo hace. 

Mi corazón empieza a latir frenéticamente. Cada esquina parece más lejos y la paranoia me oprime el pecho. Y cuando me doy cuenta, ya me interceptó en plena vereda.

—¿A ti qué mierda te pasa? —espeto con las mejillas encendidas por la molestia. El conductor se quita el casco.

Es Manson.

Tiene esa maldita sonrisa burlona pintada en los labios. La que me enciende… y me irrita al mismo tiempo.

—¿Asustada? —pregunta con tono socarrón. La mirada fija, la sonrisa que nunca se le cae—. ¿A dónde vas, Schöne?

(Hermosa, en alemán.)

—A casa de Aiden —respondo, ignorando el alemán y el tono. Él frunce el ceño con disgusto, y yo contengo una risa interna.

—Te llevo —dice. No me pregunta, no ofrece: simplemente extiende el casco que le sobra. 

Lo miro con una ceja alzada. Me mantiene la mirada, paciente, como si supiera que al final cedería. Y sí, suspirando, lo acepto.

Le doy la dirección, me subo detrás de él y me coloco sin tocarlo. Pero el muy astuto arranca con fuerza, obligándome a abrazarlo por la cintura. A pesar del viento, puedo notar cómo se le sacude el pecho por la risa.

Después de unas cuantas manzanas, estaciona frente a la casa de Aiden. Me bajo, me quito el casco y se lo entrego. Él hace lo mismo, sin apuro.

—Bueno… muchas gracias por traerme —digo, rompiendo el silencio que se ha formado. Pero él no responde. Me doy media vuelta, lista para entrar, cuando me detiene tomándome del brazo.

Me giro, algo molesta por la forma. Pero antes de que pueda decirle nada, sus labios se estrellan contra los míos.

Me toma por sorpresa. Solo unos segundos, pero los suficientes para que el instinto se active y le devuelva el beso con la misma intensidad.

Enredo mis dedos en su cabello rubio atrayéndolo hacia mí para poder profundizar el beso mientras el lleva ambas manos a mis nalgas apretujándolas con fuerza haciéndome soltar un pequeño gemido sobre sus labios.  Él aprovecha esto para hacer que su lengua entre en mi boca y luche con la mía en lo que parece ser una batalla en la que ninguno de los dos quiere salir perdedor.

Pasa una eternidad hasta que por necesidad de oxígeno no nos queda más remedio que desprendernos el uno del otro.  Apoya su frente en la mía mientras tratamos de controlar nuestras respiraciones erráticas. Pasamos un tiempo así ,tratando de procesar todo,  hasta que por fin nos separamos.  Él recoge su casco y me observa con una sonrisa ladeada, antes de irse me dice:

— Qué tengas un buen día — se sube en la moto colocandose el casco y me mira por una última vez antes de hacer rugir el motor  yéndose a toda velocidad.

Cuando me he calmado un poco, camino hacia la entrada y toco el timbre. Aiden no tarda en abrir, con esa sonrisa luminosa que parece encender todo el recibidor.

—Qué bueno que llegaste, entra —dice, haciéndose a un lado para guiarme hacia su habitación.

—¿Estamos solos? —pregunto al no ver ni escuchar a nadie más.

—Sí, mis padres están de viaje. Pon tus cosas donde quieras.

Dejo la mochila sobre su cama y saco el conjunto más cómodo que tengo: shorts cortos negros con detalles rojos y una blusa de tirantes blanca. Me cambio ahí mismo, sin preocuparme por su presencia.

Cuando termino y me doy vuelta, arqueo una ceja con una sonrisa al notar que Aiden me mira con detenimiento.

—¿Te gusta lo que ves, o qué? —le digo divertida, sentándome en la cama.

—Bueno… sí… o sea no… quiero decir sí… sí, estás linda —dice, revolviéndose en incoherencias que me sacan una carcajada.

—Tranquilo, respira. No es para tanto —le digo restándole importancia—. ¿Pedimos pizza y vemos unas pelis?

Asiente y bajamos al salón. Cuando llegan las pizzas, recojo y pago. El repartidor me observa como si no supiera a qué planeta pertenezco, así que le guiño un ojo y cierro la puerta. 

Coloco las cajas en la mesa frente a los sofás, justo cuando Aiden llega con las bebidas. Elegimos una comedia romántica y nos dejamos caer en los sillones.

Unos minutos después, noto que me observa con cierta inquietud.

—¿Te sucede algo? —pregunto, exasperada por su energía nerviosa.

—Quería preguntarte algo —responde, y noto un leve sonrojo en sus mejillas. Me da ternura.—Me giro completamente hacia él, animándolo con una sonrisa.—Verás… —se rasca la nuca, claramente incómodo—. Si no quieres, no pasa nada, solo...

Va a seguir enrollándose, así que lo corto antes de que se meta más hondo.

—Ve al grano.

Respira profundo. Me preocupo un poco por lo que viene.

—Quiero que me beses.

Abro los ojos como platos.

—¿Qué?

—Es que quiero saber si también me gustan las chicas… y quién mejor que tú para ayudarme, pero si no quieres, no pasa nada.

Suelto una carcajada y él me mira como si le hubiera nacido una segunda cabeza.

—¿En serio diste todas esas vueltas por eso?

—Sí… pero bueno, ese no es el punto. No quiero presionarte.

Ruedo los ojos. Me inclino, le tomo el rostro con las manos y sin decir una sola palabra, junto nuestros labios. Al principio se queda quieto, pero luego, tímidamente, me corresponde. Para mi sorpresa, me agarra un pecho con una mano, apretándolo suavemente.

Cuando considero que ha tenido suficiente, me separo y lo miro expectante.

—Joder, sí que besas bien. No me sorprende que tengas a unos cuantos loquitos por ti —dice con una sonrisa—. Me gustó, pero me gusta más cuando es un hombre. Así que... sigo siendo gay.

Le sonrío y me recuesto en su hombro.

—¿Viste? Era sencillo. —Él asiente.—¿Era necesario tocarme una teta?

—Tenía curiosidad por saber cómo se sentían —se encoge de hombros—. Las tienes muy suaves. No me molestaría volver a tocarlas.

Lo empujo con diversión y seguimos viendo películas entre risas.

...

Por la mañana, nos vamos juntos en su auto. Asisto a mis clases, y a la hora del almuerzo me reúno con Aiden en la mesa de siempre. 

Llevábamos unos minutos hablando cuando los tres hermanos Müller aparecen frente a mí con los rostros completamente serios.

—¿Podemos hablar? —me pregunta Mason.

—¿Acaso no lo estamos haciendo?

—A solas —aclara Manson.

Miro a Aiden. Él asiente, así que me levanto.

—¿Dónde?

—Ven —dice Matthew.

Nos alejamos hacia unas bancas apartadas, donde el bullicio de la cafetería apenas llega.

—¿Y bien? —interrogo cuando llegamos.

—¿A quién prefieres? —pregunta Manson sin anestesia, dejándome descolocada.



Alessia (+18)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora