Alessia:
Marco por segunda vez al celular de uno de los chicos. Miro la hora. Si sigo esperando, llegaré tarde a mi primera clase.
Hoy se suponía que vendrían a recogerme. Spoiler: no lo hacen.
Salgo de casa con el ceño fruncido y conduzco rápido por las calles hasta llegar a la universidad. Aparco, salgo del auto y me apresuro. Pero justo entonces, me intercepta Dominik.
—Hola —me saluda, besando mi mejilla.
—Hola —respondo. Cortante.
—Hace tiempo que no nos vemos…
No escucho el resto. Porque en ese momento llegan ellos.
Los tres hermanos Müller.
En el auto de Mason.
Y no están solos.
Lea viene con ellos, pegada como si fuera parte del tapizado. Se engancha con naturalidad a los brazos de Mason y Manson. Siento cómo se me cierran los puños. Estoy cabreada. Mucho.
Dominik se da cuenta.
—Supongo que no te gusta lo que ves —dice en tono neutro—. Se ven muy cómodos juntos.
Lo miro con una ceja alzada. Su comentario está de más. Yo solita puedo ver lo que pasa.
Los cuatro se acercan. Los hermanos con cara seria. Lea con su típica sonrisa de mosquita muerta. No sé si es su tono angelical o su forma de caminar como si no rompiera un plato, pero ya no puedo soportarla.
—Hola —dice ella, simpática de catálogo.
Los hermanos intentan besarme. Les viro la cara a los tres.
Me miran, confundidos. Yo solo los fulmino con la mirada.
—¿Y tú quién eres? —le pregunta a Dominik.
—No te importa —respondo por él, seca—. Vai alle lezioni.*
*Vamos a clases.
Dominik asiente, sonriente. Le tomo de la mano y comienzo a caminar hacia el edificio, ignorando los llamados de los hermanos. Lo suelto al entrar en clase y me dejo caer en uno de los primeros asientos, la cara seria, el cuerpo tenso.
No escucho nada de lo que dice el profesor.
...
Apenas salgo del aula, una mano me detiene.
—¿Se puede saber qué te pasa? —pregunta Matthew. Su voz es cautelosa. Yo me cruzo de brazos.
—No sé… ¿qué mierda me puede pasar? —hago como si lo pensara—. Tal vez que los estúpidos con los que me acuesto ni siquiera se dignaron a avisarme que no me iban a recoger, dejándome plantada. Y encima, cuando aparecen, lo hacen encantados con su amiguita rubia colgada del brazo.
Les suelto todo sin pausa.
Sus expresiones se suavizan. Culpables. Molestos consigo mismos.
—De verdad lo sentimos —dice Mason, acercándose—. Se nos olvidó hablarte. Fue todo de último momento… Lea nos llamó pidiéndonos que la recogiéramos.
—Eso no arregla nada.
—¿Qué tal si, a la salida, vamos a la cafetería de siempre? Comemos algo —sugiere Manson, bajando el tono como si ofreciera paz.
—No lo sé —respondo, todavía reacia.
Entonces llega lo inesperado.
Los tres ponen cara de cachorritos abandonados.
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Alessia (+18)
Fiksi RemajaAlessia, a sus 18 años, tiene todo su futuro claro: estudiar Derecho en la universidad y ser la mejor en lo que hace. Es una chica que no cree en el amor; ya había tenido una muy mala experiencia que la marcó profundamente. ¿Qué pasará cuando co...
