Alessia :
Estoy recostada en el sofá del salón. Las luces cálidas de la lámpara lateral bañan la habitación con tonos suaves, mientras fuera la noche ya se ha instalado por completo. La televisión está encendida en un volumen bajo, solo como fondo, y el aroma a vainilla del ambientador se mezcla con el perfume que aún permanece en mi ropa desde esta mañana.
El timbre interrumpe la calma.
Miro la hora: son casi las ocho, y no estamos esperando visita. Me levanto, frunciendo el ceño con curiosidad, y camino hacia la puerta. Los pasos hacen crujir ligeramente el parquet bajo mis pies. Cuando abro…
—Nonna! —el grito se me escapa junto con una carcajada sorprendida. Me llevo la mano a la boca y en segundos estoy abalanzándome sobre ella.
El aire frío de la calle choca contra el calor acogedor de la casa cuando el marco de la puerta queda abierto. Ella me envuelve con sus brazos fuertes, cálidos, firmes como siempre.
—La mia principessa, qué grande estás —dice entre risas, dejando un beso en mi mejilla que huele a rosa antigua.
—Solo han pasado dos meses, no he crecido —le digo, riendo, mientras la observo de cerca.
Bianca D’Angelo, como siempre, luce impecable. Lleva un abrigo de lana gris claro, los labios pintados en tono vino, y un peinado recogido que no le deja ni un cabello fuera de lugar. El collar de perlas que le regalé cuando cumplí los diecisiete cuelga sobre su cuello como recordatorio de que, aunque pasen los años, ella nunca abandona la elegancia.
—¿Y cómo estás, mi niña?
—Bien… y con esta sorpresa, mucho mejor.
Un carraspeo me saca del abrazo. Miro más allá, y otra figura conocida aparece bajo el umbral.
—¡Carina Rinaldi! —la reconozco en segundos, y corro hacia ella también. Nos fundimos en un abrazo agitado.
—Alessia D’Angelo, mi amiga que se olvidó de mí —dice con dramatismo y una sonrisa brillando en sus labios.
Carina sigue siendo una bomba: lleva el cabello castaño claro recogido en una coleta alta que deja ver su cuello largo, un abrigo burdeos hasta las rodillas, jeans ajustados y botas que resuenan contra el mármol cuando entra. Sus ojos azules siguen igual de expresivos, y su tono de voz… el mismo que usaba cuando conspirábamos juntas para escaparnos de las cenas familiares.
—No digas eso…
—Desde que estás aquí, me has llamado una vez… como mucho —me acusa, y tiene razón.
—He estado muy ocupada con los estudios… y con adaptarme —digo, buscando una excusa. Es cierto, pero también sé que los Müller ocuparon más espacio del que quería admitir.
—Bueno, vale… lo dejaré pasar por esta vez. Pero entremos, que me estoy congelando el culo —dice, sacudiéndose el abrigo mientras entra.
...
Cerramos la puerta y la casa vuelve a calentarse. El salón parece más luminoso con ellas dentro. El aroma del café que preparé hace rato aún flota en el ambiente, mezclado con las notas amaderadas del piso recién encerado. Encendí unas velas de eucalipto sin saber que la noche tendría compañía. Me alegra haberlo hecho.
Nos sentamos las tres con tazas humeantes entre las manos. Las risas empiezan a llenar el aire, y las palabras se enredan como si nunca hubiéramos estado lejos.
Me entero de que Alessandro sí sabía de la visita y decidió no decirme nada para sorprenderme. Lo logró.
Carina, como siempre, me pone al día con todo lo que ha pasado en su vida: sigue soltera, sin ataduras, sin drama.
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Alessia (+18)
Teen FictionAlessia, a sus 18 años, tiene todo su futuro claro: estudiar Derecho en la universidad y ser la mejor en lo que hace. Es una chica que no cree en el amor; ya había tenido una muy mala experiencia que la marcó profundamente. ¿Qué pasará cuando co...
