Cap 44 Su tu dices sí, yo digo vale

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By Bill

Un sentimiento realmente asombroso y vivo recorrió mi delgado cuerpo, y supe que no te podía ignorar por más tiempo...

Hacía tiempo había llegado a una conclusión, después de Tom mi cerebro ya no funcionaría correctamente.

Las dos figuras altas que tenia a pocos metros de mí se me quedaron mirando de manera pasmada, como si estuvieran viendo un fantasma.

En momentos como este, me preguntaba si ellos podían verme de verdad o si yo sólo estaba delirando.
Delirando en otra versión del universo en la cual pudiera estar con Tom, un Tom que no me mintiera y me quisiera de verdad.

Porque lo que me dice por mensajes ya no sé si creerlo, y aún si fuera verdad... me siento tan estúpido al recordar la manera en la que fui usado y humillado.

-¿Bill?- respondió Andreas.

Caminé hasta llegar a ellos.
Sonreí débilmente.- Nunca imaginé que dos cuerpos tan duros y bastos como los vuestros acabarían en un hospital.- reí un poco para intentar cortar el hielo.

Andreas también se rió, Tom me observaba y yo al darme cuenta tragué saliva incomodó.

-En cambio el Bill que conozco se metía en bastantes peleas ¿que brazo te has roto?- sonreímos a lo que dijo Georg.

-La verdad es qu- me cortó.

-¿Dónde has estado?- preguntó Tom de manera seria, sus ojos no estaban tan abiertos.
Estaban entrecerrados, sus pestañas casi podían impedirme ver el color de sus ojos, un color que jamás sacaría de mi cabeza.

Suspiré.- Volví a Bremen, de donde vine.

-¿Por qué nunca supe que estos años habías estado viviendo allí?

-Supongo que fue porque me odiabas y te importaba una mierda el donde estuviera viviendo.- sonreí de manera amistosa.

Tom no respondió sólo me miraba, todo seguía igual... su mirada siempre me mataría y dominaría, había conseguido que me centrara tanto en él que no me había dado cuenta en que momento Andreas había desaparecido de nuestro lado.

-¿Que pasó con las rastas?

-Claire se ocupó de que desaparecieran.- sonrió de manera no muy exagerada.

Alcé mi mano temblorosa, agarré una de sus oscuras trenzas.
-Me gustan, me gustan mucho...

Tom ladeó sus ojos, miraron mi mano que estaba a la altura de su mejilla.
La quité de manera apresurada, aunque por dentro me moría por apoyar mis dedos en su mejilla y acariciársela.

-¿Qué haces aquí?- analicé de arriba a abajo su cuerpo vestido por una bata de hospital.

-Me he fracturado la muñeca.

Miré sus manos, ambas. Tom se dio cuenta y escondió las dos detrás de su espalda de manera no tan disimulada.

Hubo un silencio incómodo, iba a hablar pero mi atención se posó en lo que vi detrás de Tom, a lo lejos del pasillo.

-Oye yo tengo que irme.

Me di la vuelta y me fui por donde había venido pero esta vez buscando la salida de ese hospital.

MI USOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora