Cap. 63

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Al llegar el anochecer, Joaquín se esmeró en preparar un buen y digno menú para sus invitados, acotando que debía ser un buen anfitrión, por supuesto tuvo ayuda de su pareja en la preparación y en cuánto sus padres llegaron, su madre no aceptó un "No" cómo respuesta cuándo se ofreció a ayudar en la cena; Emilio se había apartado unos momentos para llevarle alguna bebidas a su suegro y de paso, charlar sobre sus respectivos trabajos.

No pasó mucho tiempo desde que entablaron dicha conversación cuándo el timbre de la casa sonó, avisando que las nuevas visitas estaban allí.

— ¡Yo voy! ¡Es ricitos! — dijo felizmente el castaño saliendo de la cocina, sacudiendo sus manos hasta que llegó a la entrada. En cuánto abrió la misma se encontró con su mejor amiga y por supuesto, su pareja. — ¡Hola, Ely!

— ¡Ojitos lindos! ¡Quiero ver tu casa! — respondió alegre dando pequeños aplausos. — y ésto es un regalo por parte nuestra, espero que te guste.

Bondoni sonrió un poco y se corrió a un lado dejando pasar a las recién llegadas.

— Muchísimas gracias, no debiste molestarte, ricitos. Hola, Leidy. Lamento no haberte saludado es que-...

Sánchez rió por el tono genuinamente apenado del menor.

— Hola también para tí, Joaco. No te preocupes, Ely está muy emocionada por ver tu casa.

La nombrada asintió jugando con sus dedos.

— Es que no pude venir a verla antes porque tuve muchos exámenes, Joaco. Si pudiera haber venido anteriormente créeme que lo hubiera hecho.

El castaño ladeó la cabeza y sonrió hacía su amiga.

— No te preocupes, ricitos. — dijo haciendo que la otra sonriera también. — Ven, te mostraré la casa.

— ¡Si! ¡Vamos! Oh, Hola, Emilio. Hola, Uberto. — saludó a los dos que estaban en la sala.

— Hola, Elyzabeth.

— Woah, yo iré con los señores. — espetó la pelinegra encaminándose hacia su mejor amigo y el suegro de éste. — Mailo, Uberto. — saludó estrechando la mano del mayor y luego le dió un corto abrazo al oji-café.














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— No sé que es lo que le habrá dicho Joaquín a esa chica, pero estaba muy molesto por la insinuación que hizo. — terminó de contar lo sucedido aquella tarde.

Uberto rió, acompañado de Leidy, quién palmeó el hombro del rizado.

— Dá gracias que Joaquín es un chico tranquilo. Esa vez que Yasmín quiso coquetearme, tuve que llevarme a Ely cómo pude para que no golpeara a la idiota.

¿Puedo Abrazarte?  // Adaptación EmiliacoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora