104. Problemas Maritales

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Cuando volvió a recuperar la conciencia ya era de mañana, lo supo al escuchar el trinar de las aves sin siquiera abrir los ojos, pero cuando lo hizo se topó con los ojos cafés de Xiao Zhan mirándolo con culpa.

—Perdón —fue lo primero que le dijo mientras le acariciaba la mejilla—. Me quedé dormido durante el sexo, ¿no es así?

Yibo frunció el ceño con evidente frustración. Tomó las mantas y se giró sobre su costado hasta darle la espalda.

—Perdóname —insistió. La verdad era que se sentía un pésimo esposo.

—Está bien, tú ya habías terminado. Da igual.

—No da igual —lo giró bocarriba y se acostó sobre él para impedir que se moviera.

Xiao Zhan sintió una punzada de tristeza en el pecho al ver la mirada fría que le dedicó.

—En verdad lo lamento —acarició su mejilla—. ¿Cómo puedo compensártelo?

Yibo suspiró y no puso más resistencia.

—Primero descansa lo suficiente, luego desayunaremos y después tomaremos un baño juntos.

Los ojos de Xiao Zhan brillaron. Adoraba tomar un baño en la tina junto a él.

—Pero... ¿Cómo puedo compensarte yo a ti?

Yibo sonrió de lado.

—Una vez que estés completamente descansado y relajado... me dejarás hacerte el amor esta noche.

Escucharlo decir eso con tal seguridad y convicción hizo que Xiao Zhan percibiera cómo su corazón daba un salto de felicidad. Sus mejillas se sintieron tibias de pronto.

—Trato hecho. Iré a preparar el desayuno —se iba a levantar de la cama, pero Yibo lo retuvo de un brazo y lo jaló hasta estamparlo contra su pecho una vez más.

—Tú descansa, yo iré por el desayuno —besó sus labios una vez antes de salir de la cama.

Una sonrisa boba se instaló en su rostro y no desapareció hasta que poco a poco fue quedándose dormido mientras abrazaba la almohada de Yibo, esta tenía impregnado su aroma, era relajante.

¿Qué hice para merecer a un esposo tan bueno? —se preguntaba a sí mismo mientras caía en un profundo sueño que fue interrumpido cuando Yibo llegó con el desayuno listo a la cama.

—Zhan Zhan —le pellizcó una mejilla, llevaba varios minutos intentando despertarlo.

—Mnh, ¿qué? —se quejó, pero cuando abrió los ojos recordó que estaba en casa y una gran sonrisa se abrió paso en su expresión—. Hola —saludó a su esposo con sonrisa torpe.

—¿Tienes hambre?

—Estoy en los huesos.

—Dramático. Ya levántate —le picó las costillas hasta que se sentó y recibió el platillo en una charola, notó que eran dos platos.

Miró atentamente cómo Yibo encendía la televisión y rodeaba la cama hasta sentarse en su propio lado, muy cerca de él para tomar el desayuno uno junto al otro mirando la televisión.

Se conmovió.

—Gracias —murmuró con una sonrisa.

Yibo lo miró ya con comida en su boca, y alzó una ceja en una mueca graciosa.

—Come o se enfriará —le advirtió con la boca llena. Se veía molesto, pero todas sus atenciones demostraban lo contrario.

Xiao Zhan rio y mientras negaba con la cabeza probó el rico desayuno.

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