Final, parte 2: "Matrimonio Legal y paternidad"

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"El matrimonio igualitario ahora es legal en la República Popular de China".

Esa fue la noticia con la que despertó el mundo un 15 de enero del año 2043.

Los hijos de Wang Yibo y Xiao Zhan no entendían por qué hacían tanto alboroto ese jueves por la mañana, tampoco sabían por qué sus tíos Ayanga y Dalong estaban en casa hablando con sus padres.

Fue hasta que los vieron abrazarse unos a otros cuando entendieron que algo muy bueno había sucedido. Y al entenderlo se enteraron de que en un mes viajarían por primera vez a la patria de sus padres y abuelos.

Xiao Zhan y Wang Yibo se iban a unir en matrimonio legal en China el 14 de febrero, misma fecha de su aniversario.

Todo se sintió muy apresurado, pero no por eso estaban menos emocionados. Wang Yu Jie tenía escasos recuerdos de su vida en China, pues se habían mudado a Estados unidos cuando ella aún no iba siquiera al jardín de niños. Y Sus hermanos menos recordaban todavía, pues eran solo unos bebés.

Solicitaron sus permisos de ausencia en la escuela, prepararon sus maletas, hicieron un itinerario y ambos padres les prohibieron a sus hijos hablar inglés en casa, necesitaban practicar el idioma que ellos les habían enseñado pero que normalmente no utilizaban.

Los tres sabían chino, lo entendían y lo hablaban hasta cierto punto, pero eran incapaces de entender a sus padres cuando discutían en mandarín con velocidad, mucho menos cuando papá Zhan hablaba ese dialecto tan extraño de su ciudad natal, con el mismo tono de la abuela.

Se prepararon tanto en ese mes, que el tiempo se les pasó volando, antes de lo que imaginaron ya estaban abordando el avión, los cinco iban en primera clase, y al llegar al aeropuerto internacional de Beijing los recogería un auto en la pista de aterrizaje para evitar ser reconocidos entre el tumulto de gente que siempre había en las salas.

—¿Crees que nos reconozca alguien? —preguntó Yibo mientras miraba por la ventana del auto tipo van que los recogió. Ver ese aeropuerto le traía muchos recuerdos.

—Lo dudo, han pasado casi trece años. Y en caso de que lo hagan... —sonrió de lado, recordando viejos tiempos—... Nuestro mejor guardaespaldas ya nos espera en la entrada.

Yibo sonrió igual. Su cuñado y querido amigo, Mao.

Afortunadamente lograron pasar por completo desapercibidos. Nadie sabía que viajarían a China más que su familia y amigos.

Cada reencuentro era más emotivo que el anterior. Primero Mao los recibió con un fuerte abrazo a cada uno, sorprendido por lo mucho que habían crecido sus hijos. Después llegaron a casa de los señores Xiao donde ya los esperaban Fei Fei, el hijo de esta y los señores Wang. Los adolescentes corrieron a abrazar a sus abuelos, los adoraban, y ya tenían tiempo extrañándolos.

—¿Cómo se siente volver después de tanto tiempo? —preguntó Fei Fei mientras abrazaba a su primo.

Yibo suspiró.

—Tengo muchos sentimientos encontrados —admitió con una expresión difícil de descifrar. Y es que no dejaba de pensar en cómo hubiesen sido sus vidas de haber decidido quedarse en China. Ese pensamiento lo atormentaba desde que decidieron regresar al país.

—Me imagino —observó cada centímetro de su apuesto rostro—. Sea lo que sea que sientas en este momento, recuerda que todo lo que han hecho ha sido por el bien de su familia —puso una mano en su mejilla y susurró—: así que no te atormentes más.

—¿Cómo sigues leyendo mi mente después de tantos años? —frunció las cejas.

—Porque somos hermanos —rodeó su cuello con un brazo y caminaron juntos a la cocina en donde estaban todos probando las delicias que prepararon las abuelas—. Por cierto, ¿cómo le hace tu esposo para verse tan joven? —murmuró—. No parece que vaya a cumplir cincuenta y dos. Incluso se ve de tu edad.

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