«No dejemos que nuestra historia termine como un cuento efímero,
hagámosla tender a infinito, yo sé que podemos:
nuestro amor es capaz de eso y más». -Manuel Ignacio.
*
Nora y Alejandro empezaron su relación como algo fugaz, algo de una noche.
Nora...
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CAPÍTULO 13 ALEJANDRO
Sonrío al leer el mensaje de Nora.
Se supone que para cuando yo llegara a D'Rose ella estaría aquí, pero al llegar solo me encontré con Kinleigh y James, a quien me sorprende ver, si debo ser honesto. Pensé que solo seríamos ellas dos y yo.
El siguiente mensaje de mi novia, es una foto de sus sobrinos, donde me reitera que la acapararon y ahora viene tarde.
—Solecito, necesito que me hagas un favor.
Además de los ojos marrones de Kinleigh viéndome de reojo siento otro par atravesándome la nuca. Sonrío con burla y veo por encima de mi hombro.
—No le voy a pedir nada que ella no quiera hacer, James.
Leigh se ríe y cierra su cuaderno antes de preguntarme qué quiero. Me ve con desconfianza cuando le doy una sonrisa ladeada.
—Aprovechando que el amor de mi vida aún no llega...
—Ajá...
—Quiero que hagas algo para mí.
—No me gusta tu elección de palabras, Alejandro.
—A mí tampoco —murmura James, haciéndola reír.
Los ignoro. Debo aprovechar que Nora aún no llega para que pedirle a Kinleigh lo que quiero. Es algo que llevo pensando hace un tiempo, pero que no había decido al cien por ciento. Sin embargo, teniendo en cuenta que es algo que me gusta junto con alguien que amo me hace pensar que debo hacerlo.
—Conoces el cuerpo de Nora.
—Más que tú, me atrevería a decir.
Sonrío cuando a ella se le tiñen las mejillas de un color rosa. James, ahora a su lado, la ve de reojo.
—No hagas mi mente volar, solecito. No hagas mi mente volar porque entonces alguien perderá los estribos y no seré yo.
Ella ríe, ve al hombre a su lado y le da un beso en la mejilla que lo relaja de inmediato y voltea a verla con una sonrisa. Mi gatita me ha pegado su lado observador y puedo asegurar que los ojos de ambos chispean con emoción y sus pupilas se vuelven un par de corazones mientras se ven uno al otro.
Quizás entiendo porque Nora salía a buscarme después de clases.
Me aclaro la garganta.
—Como decía, conoces su cuerpo. La has visto —Kinleigh asiente —¿Crees que puedas hacer algo con ello y la Dama de la Justicia?
Frunce las cejas.
—Dibujar a Nora como la Dama de la Justicia —murmura —. Sí eres consciente de que la justicia para Nora son los golpes, ¿verdad?