«No dejemos que nuestra historia termine como un cuento efímero,
hagámosla tender a infinito, yo sé que podemos:
nuestro amor es capaz de eso y más». -Manuel Ignacio.
*
Nora y Alejandro empezaron su relación como algo fugaz, algo de una noche.
Nora...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
CAPÍTULO37 ALEJANDRO
Estoy quedándome dormido en el sofá cuando mi celular suena dos veces seguidas.
Son las 2:30 de la madrugada, ¿quién carajos escribe a esta hora?
La única que me ha escrito últimamente es mi madre, pero sé que esta no es ella porque está arriba, dormida. Me estiro hacia la mesita y agarro mi celular. Tengo dos mensajes de un número desconocido y debo desbloquear el celular para ver lo que dicen.
El aire se vuelve pesado y todo a mi alrededor se detiene. Por un momento creo que estoy soñando. Debo de estar soñando, porque no hay manera de que esto sea verdad. Quizás hasta esté volviéndome loco por tanto anhelar este momento que mi mente me ha jugado sucio y ahora veo cosas que no son.
Hola. Soy Nora.
Leo el mensaje unas tres veces más, pero ni siquiera termino de procesarlo cuando uno más llega.
Estoy en Nueva York. Kinleigh me dijo que ocupabas hablar conmigo. Te avisaré cuando.
Es un mensaje corto, directo y conciso. Y no sé cómo contestarlo. No quiero solo dejarla en leído, quiero darle una respuesta, pero no sé qué decirle. Parece que no solo olvidé mi relación con ella, sino cómo hablarle.
Los tres puntos suspensivos en la pantalla me indican que está escribiendo algo más, pero desaparecen al instante y no se ven más en los cinco minutos que me quedo viendo la pantalla.
Hola, está bien. Avísame cuando puedas.
Borro el mensaje.
Está bien. Avísame, estoy libre cualquier día.
Borro de nuevo.
Estaré atento.
Borro de nuevo.
Joder. Me cago en todo. En mí mismo, incluso. Por haber tenido ese puto accidente, por haber perdido la memoria, por no saber cómo contestarle. Estoy seguro de que con ella no me era imposible hablar, que le decía lo primero que se me ocurriera, que le escribía por nada y por todos. ¿Por qué ahora no puedo? Necesito contestarle o podría pensar que no me importa. Cuando en realidad me importa más de lo que podría explicar, porque honestamente, no sé cómo poner en palabras la necesidad que me genera querer verla.
¿Qué le contesto? ¿Estará esperando mi respuesta? ¿Estará pensando que solo estoy molestándola y que no me interesa hablar con ella? O quizás ni siquiera está prestando atención y solo soy yo el que está sobre pensando como un pobre hombre idiota necesitado de atención. Su atención.
Está bien. No te preocupes, esperaré lo que sea necesario.