CAPÍTULO 17
ALEJANDRO
—¿Por qué la cara larga? —Abel se sienta en la silla frente a mí y deja caer un fólder sobre mi escritorio.
—Tú, pedazo de mierda, me echaste sal cuando preguntaste si tenía problemas en el paraíso.
Mi hermano me observa, ofendido y desconcertado.
—¿De qué hablas, idiota?
—El domingo le dije a Nora que mi apartamento era nuestro, ya sabes, que era suyo también...
—No jodas. ¿Cómo vas y le dices eso cuando más de una vez has dejado en claro que ella no está en ese escalón aún?
—¡Ella lo dijo primero!
Su cara de confusión en digna de una foto. Quizás así de pasmado quedé yo y por eso me corté el dedo. Pero es que la palabra «nuestro» salió tan casual, tan natural y con tan poco esfuerzo de sus labios que solo pude sorprenderme. Quizás si yo no hubiera reaccionado de esa forma ella no se habría negado segundos después ni se habría puesto tan pálida como lo hizo. Se asustó cuando dije que sí era suyo también, se asustó cuando le dije que lo mío era suyo y creo que o su cabeza se quedó en blanco o pensó en huir en ese momento.
Porque sé que aún teme.
Aunque yo ya le haya dejado en claro que la espero y que no voy a fallarle.
—¿Alejandro?
—Estábamos hablando de... algo y ella dijo nuestro, casi me quedo sin dedo por ello, luego se corrigió y cuando yo dije que no era mío, sino que era nuestro se puso pálida. Pensé que iba a darle algo.
Abel enarca las cejas y señala mi cuello.
—Eso no se ve como que tuvieras problemas por ello. ¿O estás siendo un puto de nuevo?
Esquiva el lapicero que lanzo en su dirección y ríe.
—Solucionamos el problema, pero es tu culpa.
—¿Cómo es que es mi culpa? No jodas.
—Porque preguntaste un par de días antes si estábamos teniendo problemas.
Abel sacude la cabeza y masculla algo por lo bajo. Su rostro divertido pasa cambia y hasta se acomoda en la silla sumándole seriedad al asunto.
—Sí estamos en números rojos, ¿verdad?
—Que no. —Rueda los ojos —. Aquí —palmea el fólder —, está todo. Muestra eso en la próxima reunion que tengan y...
—No esperarás que yo muestre eso solo, Abel. ¿Qué carajos se supone que haga cuando cuestionen algo? Esto también es tuyo, así que el día que esa reunión suceda, tú estarás ahí. Y no —lo interrumpo al ver que hablará de nuevo —, no puede ser hoy. Falta gente.
—Bien.
Lo observo por unos segundos. Mis hermanos y yo somos muy parecidos y no nos llevamos tantos años de diferencia, pero Abel parece un poco más viejo de lo que es. ¿La idea de que será papá lo ha envejecido?
—¿Qué tanto me ves?
—Te ves viejo.
Resopla con burla y sacude la cabeza.
—Eso sucede cuando hablo con tu mamá.
—¿Ahora es solo mi mamá? Serás cabrón. —Me recuesto en la silla, riendo y le hago una seña con la mano para que hable. Ya sabía yo que esta visita no era para entregarme algo que ya me había aclarado.
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Querida Nora
Romance«No dejemos que nuestra historia termine como un cuento efímero, hagámosla tender a infinito, yo sé que podemos: nuestro amor es capaz de eso y más». -Manuel Ignacio. * Nora y Alejandro empezaron su relación como algo fugaz, algo de una noche. Nora...
