Capítulo 40

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CAPÍTULO 40 ALEJANDRO

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CAPÍTULO 40
ALEJANDRO

—Deberías de ir a casa —ofrece Abel después de limpiarse las manos en una servilleta y dar por terminado su almuerzo —, para que conozcas a Aaron y te relaciones con un niño pequeño ahora que viene el tuyo propio.

Sonrío.

—¿Seguimos con la A? —mi hermano se ríe y se encoge de hombros.

—¿Nora ya tiene un nombre? —pregunta papá antes de dar un sorbo a su bebida.

—No, no, espera —intervine Adam —¿Ya sabe qué será?

—Sí —sonrío y creo que hasta me brillan los ojos de la emoción —. Es un niño, se llama Nathaniel y se mueve cada vez que escucha mi nombre. —Mis hermanos me observan con una sonrisa burlona plasmada en el rostro y mi padre sonríe y me mira con orgullo. Quizás soné un poco más orgulloso e idiota de lo que planeaba, pero no me importa. Siento que ese niño me ama sin siquiera conocerme o escucharme por completo y sí, me siento orgulloso de ello.

—Mírale la cara de idiota que tiene —se burla Adam —. Sabía que ibas a ser el próximo en ser papá. Gracias por eso, porque ser tío me sienta genial.

Abel sacude la cabeza.

—No le hagas caso, ni siquiera sabe cambiar pañales.

—¡No voy a cambiar niños cagados! Para eso estás tú que eres su papá.

—Ah, pero a ti sí te limpiaban el culo.

—Me alegro mucho por ti, Alejandro —nos interrumpe papá —. Ni siquiera voy a poner en duda las palabras de Nora porque sé que esa muchacha te adoraba con toda su alma como para mentir con algo así.

—Sí, porque si yo fuese ella no hubiera aguantado tanta mierda con mamá —agrega Adam —. Y la aguantó por ti.

Eso explicaría porque Nora se sintió tan mal cuando no le creí en primera instancia que mi madre había movido sus cartas para perjudicarla. Nora me ha dicho que mi madre buscaba cualquier excusa para meterse con ella, me habló de esa primer cena familiar a la que la llevé y mencionó una de las últimas, en la que mi novia terminó desviando la atención de mi madre hacia ella solo para que no se ciñera con mis cuñadas. Y aunque ella no me dijo, puedo imaginarme que hubieron más visitas a mi familia que terminaron en una discusión entre mi madre y ella porque mi mamá solo era capaz de abrir su boca para hacerla sentir mal.

Lo que no logro entender aún es por qué no le creí a Nora esa noche. Según ella y lo que mi familia me ha dicho en el transcurso de este almuerzo improvisado, es que, mamá estuvo en el hospital ese día. ¿Será que yo estaba tan, no sé, preocupado por mi señora madre en ese entonces que me negué a verla como la mala del cuento? No lo sé. No lo sé porque no lo recuerdo. No lo sé porque no sé cómo fueron las cosas con exactitud y no importa que tanto me cuenten, porque todos ellos hablan desde sus perspectivas, ¿qué van a saber de la mía?

Querida NoraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora